lunes, 1 de septiembre de 2008

Hombres, hombres

Con lo que me gusta a mí escribir acerca de mujeres, y en especial, de mujeres valientes, se ve que me ha tocado la racha de tratar de personas del sexo opuesto... Es curioso, pero nosotras tenemos la idea común y vaga de que son muy sencillos en su comportamiento; incluso creo que ellos mismos creen el tópico de que las mujeres somos mucho más complejas que ellos, y que se mueven sólo por el pensamiento único. Pero fuera de los tópicos, la realidad es muy distinta, y en el día a día se pueden conocer hombres realmente muy interesantes, o cuyas reacciones en determinadas situaciones no responden a la imagen que inicialmente dan.

Esta semana estaba preparando un juicio muy duro para esta mañana, en el cual tenía que aportar una documentación inmensa, constituida entre otras cosas por doce paquetes de facturas, unas dos mil facturas aproximadamente. Al llevar la documentación a una copistería próxima a la oficina, tuve ocasión de charlar un rato con el chico que la atiende: un chico joven y muy guapito (unos 28 años) de indumentaria más bien pija, que parece ocupar parte de su tiempo de verano en algún trabajillo mientras estudia (tenía los apuntes encima del mostrador) para sacarse unas pelas de cara al invierno universitario... Nada aparentemente interesante, vamos.
La conversación se inició, precisamente, con referencia a sus estudios, ya que al decirme que él que tenía que recoger las copias ese mismo día porque al día siguiente tenía examen y no abriría, no pude evitar preguntarle que de qué se examinaba... y bla bla bla...
Resultó ser un chico muy agradable e inteligente, que me miraba a los ojos cuando me hablaba con una sonrisa muy franca... me enteré con la charla, que sus padres están divorciados desde que él y su hermano eran muy pequeños, que habia estado trabajando toda la carrera, porque su madre no tenia medios y, él prefirió alargar su carrera a recurrir al auxilio de su familia, bien acomodada y con la que se lleva bien (por cierto, todos abogados y miembros de la judicatura, ya es casualidad)... pero si se podía evitar, mejor. De hecho, estaba haciendo ese trabajo porque le acaban de despedir de su empresa y se ha quedado sin vacaciones de verano... Pero bueno, lamentarse no le iba a servir de nada, y el asunto no merecía un disgusto porque saldrá adelante... Aunque andaba pensando en independizarse, aunque (decía) ya llegará el momento, tampoco es grave... Me llevo muy bien con mi madre y con mi hermano... De todas formas, como no tiene ni hijos ni pareja... Acaba de terminar con la chica con la que estaba porque ella no parecía capaz de comunicar sus sentimientos; el cree que la comunicación es muy importante en la pareja y que merece la pena trabajar la exteriorización de los sentimientos aunque a todos nos cueste y nos de miedo exponer nuestras debilidades ... Hay que ver lo que son las apariencias... después de esa conversación, pasó a parecerme un chico muy consciente de sí mismo, de las relaciones interpersonales, del concepto de responsabilidad y compromiso... y encima, sin miedo a mostrar sus vulnerabilidades y, por tanto, con un buen nivel de autoaceptación y de seguridad en si mismo.
Es bueno encontrarse con personas así, porque a ese nivel de confiaza y aceptación no se llega por azar, sino que requiere, por ejemplo, localizar aquellos comportamientos que no nos están produciendo buenos resultados, examinar por qué los llevamos a cabo... si se trata de un miedo (como el de mostrar las vulnerabilidades), ver exactamente por qué tenemos ese miedo... siempre se debe a que tememos el rechazo, porque centramos nuestra autoestima en las reacciones de los demás hacia nosotros. Relativizar la importancia de las opniones de los demás sobre nosotros. Aceptar que tenemos ese miedo y no conformarse, sino buscar los medios para eliminarlo o, por lo menos, aminorar sus consecuencias sobre nuestra vida... Mostrar las vulnerabilidades es una muestra de fortaleza.
Es bueno encontrarse con personas que no se dejan llevar, sino que toman el control y construyen su vida. Y es sorprendente, al menos para mí, que eso lo narre en primera persona un hombre. Admirable, diría yo, un acto de verdadera valentía ante la vida...
¡Olé por los hombres así!

2 comentarios:

israel dijo...

Hola Maribel, qué tal estás?

Llevaba tiempo sin "blogear" pero veo que tú sí.

He leído tus entradas, no sé qué contarte la verdad, estoy un poco desperso.. hombres! ;)

En fin veo que tu casa va a con viento en popa a toda vela o cómo se diga.

últimente he pensado en eso de la casa, a mí me queda mmucho para eso pero cuando salgo a correr por la tarde o con la bici por una zona nueva que están construyendo me fijo mucho en las casas, en todas, en cómo sería tener tu propia casa y el otro día acompañé a mi hermana a un sitio de esos en los que hay de todo para el hogar y me sorprendí a mí mismo pensando "uy, que guapo quedaría esto en mi casa" (en mi casa imaginaria claro)puff, ya ves.

Yo ando en periodo de evolución, lento pero seguro, intentado derribar muros y salir adelante y pensando en actualizar mi blog pero sin muchas ganas la verdad.


Un saludo.

Maribel dijo...

Hola Isra... Me alegro de leerte de nuevo, estabas desaparecido.

Mi casa va fenomenal, si... ya tenía ganas y creo que atreverme ha sido todo un acierto. Y eso que te pasa a tí, imaginarte tu casa, es un síntoma de que se va acercando tu momento también.

Yo también pasé una fase, hace ya muchos años, en que lo veía algo inalcanzable... al terminar la carrera dediqué tres años y medio a preparar una oposición que no aprobé, mientras mis amigos empezaban a trabajar y a independizarse. Al final, me daba tanto miedo dar el salto, que si no hubiera sido porque alguien me "abofeteó" el cerebro con una dosis de realidad, creo que me habría quedado de eterna opositora.

Ese salto es difícil, pero hay que darlo. Y hay personas a las que parece que les viene dado, y que todo les fluye fácil; y hay otras que nos lo tenemos que currar, mucho, y derribar nuestros muros... pero al final, cuando se consigue, es una gran satisfacción mirar atrás y ver lo que has avanzado.

Después de muchos años de independencia, me vi obligada a volver a casa de mis padres... y llevaba ya más de cuatro años en ella, y me estaba acomodando de nuevo en aquella misma situación. Pero esta vez la diferencia es que yo ya sabía que cualquiera puede hacerlo, incluso yo. Así que sólo (ni más ni menos) tuve que tomar la decisión y no dudar de ella después.

Animo, que a todos nos llega el momento.

Un beso