martes 8 de septiembre de 2009

Moving improving

"Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente".


Esta frase siempre me hace pensar que las personas estamos en constante evolución, cambio y adaptación al entorno y a nosotros mismos, seamos o no conscientes de ello. Es una cuestión vital e ineludible, como respirar.


Y cuando evolucionamos en algún aspecto de la vida de forma consciente y controlada, podemos hablar de mejora personal, autosuperación, autoconocimiento, etc... Y es, desde luego, la mejor manera de llevarlo a cabo porque te da el control de tu vida y, por tanto, mucha seguridad y confianza en tus decisiones y comportamientos.


En cambio, dejar que las circunstancias y las personas te influyan, adaptándote a ellas sin ser consciente de por qué haces las cosas, hace que "te lleve la corriente"... y que, de repente, te puedas encontrar en un punto en el que nunca has querido estar, desarrollando roles que no quieres para tí, o que "involuciones" en aspectos de tu persona en los que habías conseguido logros.



Tendemos muchas veces a dejarnos llevar, por pereza, comodidad o miedo, y nos olvidamos de que lo que más miedo debería darnos es, precisamente, perder el control de nuestro propio desarrollo personal.


Puede ser cansado, puede dar pereza, o puede dar miedo... pero lo cierto es que lo que más miedo debería darnos es peder el control de nuestra evolución.


Esta canción, que últimamente suena mucho, me recuerda continuamente esta idea... moverse o morir... o nadas o te lleva la corriente.



La letra no tiene relación directa con esto, porque más bien hace referencia a que la unión hace la fuerza, pero ese estribillo... "people, all the people moving"... y ese ritmo un poco cansino, pero alegre, me recuerda esa idea, y el eco en mi cabeza suena... "people, all the people improving"...


Esta es la letra:


La ley universal de la locomoción no puede fallar en este momento...
Moving, all the people moving, one move for just one dream
We see moving, all the people moving, one move for just one dream
Tiempos de pequeños movimientos, movimientos en reacción
Una gota junto a otra hace oleajes, luego mares... océanos
Nunca una ley fue tan simple y clara: acción, reacción... repercusión
Murmullos se unen forman gritos, juntos somos evolución
Moving, all the people moving, one move for just one dream
We see moving, all the people moving, one move for just one dream

Escucha la llamada de Mama Tierra, cuna de la creación
Su palabra es nuestra palabra, su quejio nuestra voz
Si en lo pequeño está la fuerza, si hacia lo simple anda la destreza
Volver al origen no es retroceder, quizás sea andar hacia el saber
Moving, all the people moving, one move for just one dream
We see moving, all the people moving, one move for just one dream
This is the Life fest under your feet

Así que... Let's go on, improving ourselves. Go on living!

viernes 14 de agosto de 2009

Charlas con mi hijo (III)

Pues sí, ya llegó el cuarenta de julio y regresó mi hijo. Como ocurre cada verano, vuelve más alto, más grande y mayor.

Ayer por la mañana íbamos camino de casa de mi madre, porque aún tenía yo que terminar un par de cosas en la oficina. Se iba a quedar a comer allí y me preguntó si tenia que hacer tareas... le tiene terror a trabajar en casa de mi madre, porque ésta le regaña mucho... Este fue el diálogo:

- Mi hijo: Mamá... ¿y voy a tener que hacer tareas en casa de la abuela?
- Yo: No, hijo... ya las has hecho en casa. Y además muy rápido y muy bien...
- Mi hijo: Mamá... ¿y voy a tener que dormir la siesta?
- Yo: No, hijo... en casa de la abuela sólo se duerme la siesta si tú quieres. Si no quieres dormir, no lo hagas, pero deja a la abuela que ella sí duerme porque a ella sí le gusta... ¿sabes lo que pasa con la siesta, hijo? que cuando somos pequeños nos gusta dormirla, y cuando somos mayores también.... pero mientras, a los niños de tu edad no les suele gustar... Ya querrás dormirla cuando seas mayor.
- Mi hijo: Vale, cuando sea mayor dormiré la siesta, pero ahora no. Y cuando sea mayor, también veré películas por la noche, y me acostaré tarde... y mandaré a mis "chiquillos" a la cama... y me tendrán que obedecer, porque si no... les castigaré (sonrisa malvada)
- Yo: Uhm.... ¿les castigarás?... Bueno, los hijos tienen que obedecer a los padres, pero los padres no sólo tienen que mandar, también tienen que trabajar mucho para los hijos: hacerles la comida, lavarles la ropa, ir a comprar... Eso también lo tendrás que hacer.
- Mi hijo: No, eso no. Eso lo hacen las mujeres. Eso lo hará mi "esposa".
- Yo: ¿Tu esposa? ¿cosas de mujeres?... ¿que pasa, que los hombres no cuidan de sus hijos?
- Mi hijo: Si, pero yo estaré ocupado terminando algo en el ordenador.
- Yo: ¿Es que las mujeres no trabajan con el ordenador?
- Mi hijo: Si, pero solo para ver algún correo o así.

Yo le dije, claro, que no estaba de acuerdo y que creía que se estaba equivocando, pero soy consciente de que lo que una madre te dice... por un oido te entra y por el otro te sale. Así que al llegar al portal, le preguntamos al señor cartero qué opinaba él... un señor que no nos conoce, que es hombre y que tiene un trabajo "importante"...

El señor cartero le dijo... "Uy chaval, vas muy mal encaminado... como no te espabiles... mirame a mí (y se señala la barriga, importante, que lucía a sus treinta y tantos...) si no llega a ser porque sé cocinar ¿de qué iba a tener yo esto?"

Mi hijo, satisfecho, le contó que él sabe hacer huevos fritos, y arroz con tomate, y salchichas...

Subimos la escalera de la casa de mi madre mientras me decía... "bueno, yo también enseñaré a mis hijos a hacer huevos fritos" y yo pensaba... "si sólo fuera eso lo que le tendrás que enseñar a tu hijo..."

Saludos a todos y feliz verano.

A seguir viviendo.

jueves 30 de julio de 2009

Dolor tuyo, tristeza mía.

Uno siempre piensa que el dolor, la tristeza y la angustia que sufre cuando algo realmente trascendente ocurre en su vida, son incomensurables, inconsolables e insoportables... Cierto es que siempre, para uno, sus problemas son los más importantes y así debe ser, porque cada uno de nostros somos el astro de nuestra constelación vital. Pero es necesario también intentar comprender la dimensión del dolor, la tristeza y la angustia de quienes nos rodean e intentar actuar en consecuencia con ellos, dando lo que a nosotros nos gustaría recibir si estuviéramos en su lugar.

Porque así funciona la vida... cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da.

Empatizar significa eso: ponerse en el pellejo de otro, e intentar imaginar cómo nos sentiríamos y qué nos gustaría recibir. Pero si se hace bien, creyéndose realmente el otro, puede ser muy doloroso.

Hoy he leído a las tres de la tarde la noticia de atentado de Mallorca: dos guardias civiles aún sin identificar, un coche patrulla, una bomba lapa y sesenta minutos transcurridos desde la combinación fatal de los tres ingredientes anteriores. Es la receta perfecta para hornear una hora de angustia en los familiares y amigos de todos los guardias civiles destinados en Mallorca, quienes, en ese mismo instante en el que yo leía la noticia, aún no sabían si alguna de las víctimas habría sido su padre, su hermano, su novio o su hijo...

Cada vez que se produce un atentado, en los minutos siguientes, no puedo evitar empatizar con la angustia de los que no saben si los caidos es alguno de los suyos...

Me lleva a los tiempos en los que mi padre estaba en activo... me recuerda un atentado que se produjo en la Ronda de Atocha, frente al Ministerio de Agrigultura, debía ser el año 92 aproximadamente... yo estaba estudiando unas oposiciones y acudía a una biblioteca a diario; durante un descanso, alguien me dio la noticia: coche, bomba, dos militares... se desconoce el cuerpo, pero no la graduación: uno de ellos tenía la misma que mi padre.

Si hubieran existido los móviles, habría llamado a mi padre en ese momento para preguntarle si había echado la quiniela, aunque jamás la haya jugado... no quería llamar a mi madre... ¿y si no sabía la noticia?... esperaría a que se confirmara el arma a la que pertenecían las víctimas.

Ese tiempo se me hizo eterno, pegada a la radio con el corazón encogido recitando mentalmente un mantra... "dilo ya, dilo ya, quien ha sido, quién ha caido, dilo ya, dilo ya..." Sé que a mis compañeros les parecí un poco histérica, o un poco exagerada... Nadie me abrazó, nadie me dijo "todo saldrá bien"... la gente consideraba entonces que en el sueldo del militar va incluido el riesgo de morir en un atentado... y nadie se consideraba grupo de riesgo... nadie se imaginaba en mi pellejo...

Yo tampoco lo pedí: me he criado con alertas pegadas con papel celo en el cristal del portal, avisando para que tuvieramos cuidado con los paquetes sin remitente, para que vigiláramos los bajos de los coches, para que estuviéramos alerta de los coches desconocidos...

Cuando finalmente dijeron los nombres de los caídos, sonreí porque ninguno era mi padre... y me sentí culpable por alegrarme... y pensé en que alguien, hija de alguno de las víctimas, habría escuchado, en una llamada telefónica o incluso en la radio, el nombre de su padre. Y lloré.

Hoy deberíamos todos sentirnos víctimas por un rato, aunque sólo fuera para comprender lo importante que es estar vivos y tener lo que tenemos.

Paz hasta la victoria. Luto por las víctimas. Un abrazo que alivie la espera del que no sabe. Unas lágrimas que acompañen el dolor del que tiene la certeza.

Todo se acaba. Sigamos viviendo.

lunes 20 de julio de 2009

Exorcismo de julio

Si. Transitar el mes de julio se me hace cuesta arriba desde hace varios años, y éste 2009 está siendo especialmente complicado. Hay muchas personas a las que se les atraviesan las navidades, por ejemplo.... para mí, la peor epoca del año es, sin duda, el mes de julio.

Por un lado, un tema profesional en el que tengo implicaciones familiares muy serias me tuvo mental y emocionalmente "secuestrada" durante la segunda quincena de junio y los primeros diez días de julio... Superado el tema, me queda lo habitual de todos los meses de julio en mi oficio: el fin del mundo... el año judicial termina el 31 de agosto, y como ese mes es inhábil para casi todo, los Juzgados y los clientes quieren dejarlo todo listo el 31 de julio "antes de irse de vacaciones"... para este aspecto estoy ya entrenada, después de todos estos años de ejercicio, pero lo cierto es que el primer combate me ha dejado muy cansada intelectualmente...

Por otro lado, la ausencia de mi hijo, que está de vacaciones con su padre hasta fin de mes... cierto es que me vino muy bien para poder concentrarme en ese importante trabajo, pero una vez pasado éste, me viene lo de siempre: le echo de menos. Sé que lo está pasando bien, y que es lo que tiene que ser... pero según avanza el mes de julio pasa lo de todos los años: su padre, que lo adora (estoy segura) no es muy maduro que digamos, y al pasar de los días, van surgiendo roces entre él y el niño derivados, sobre todo, de que se pone a su altura... por mucho que yo le remarque la diferencia de edad y de responsabilidad en la relación, es inútil, creo que nunca lo entenderá... Y empieza a pasarme lo de todos los años; intento no pensarlo, pero me asalta la sensación de culpabilidad cuando veo que el padre no sabe reaccionar bien ante determinados problemas del niño... Y no es una simple diferencia de criterio. Pues hala, a la mochila del mes de julio, que ya la llevo cargadita...

Este año, además, he tenido una decepción con una amiga... no estoy enfadada con ella. Al principio si, estaba muy molesta, pero ya no... Ahora, sencillamente pienso que, dada su forma de ser, no me interesa como amiga... puedo tener una relación superficial, pero nada más. Y decirle nada es inútil, porque sé que no sería capaz de explicarme y sólo conseguiría que se ofendiera. Es una mujer muy inmadura, que necesita ser el centro de atención de todo el mundo, especialmente de los hombres (con independencia de si le gustan o no), y que es capaz de transformar la realidad de tal forma que ella sea siempre la princesa víctima del dragón... Lo malo, es que a mi no me gusta el papel de dragón, aunque a ella sí le guste el de princesa de cuento de hadas. Así que, he decidido que escoja otros personajes para su película. Es una decisión que desgasta, así que... a la mochila de julio, que va ganando peso y volumen...

Mi madre. Siempre tengo conflicto con ella, es inevitable. Desde siempre, la he acostumbrado a complacerla siempre, sin rechistar y sin decir lo que yo realmente quiero hacer. Error mío, lo sé... así lo aprendí de pequeña. El resultado es que, si cualquiera de mis hermanos le lleva la contraria, no pasa nada (y somos cinco hermanos)... pero si yo le digo algo, se molesta conmigo... y no digamos si no aparezco por su casa con la frecuencia que ella cree adecuada... una vez me dijo que de sus cinco hijos, yo era la que menos la quería y que no le tenía ninguna consideración. Llevaba una copa de más, y le servía dialécticamente para la discusión que teníamos entre manos, pero a mí no se me olvida... Ahora, la tengo de uñas porque, por mor del exceso de trabajo, no he ido a verla... Pero en lugar de decírmelo directamente, se dedica a tirarme hachazos cuando me ve... el estilo asertivo de comunicación nunca ha sido lo mío, pero lo suyo tampoco... El otro día quería que me llevara macedonia de frutas con leche condensada (había hecho para un ejército), y le contesté, sencillamente "no, gracias" (voy aprendiendo, hace un año le habría dicho... "no, gracias, porque estoy a régimen y no puedo tomarlo, ya quisiera yo..." o, incluso, me habría llevado la macedonia y luego la habría tenido que tirar...) la mirada que me echó me dio ganas de esconderme en el armario, la verdad... Ahora me resisto a volver, porque sé que le queda más munición... Otro pedrusco a la mochila... ¡¡¡pesa mucho ya!!!

Hacienda... si, somos todos... pero a mí, por un problema de una notificación, me tiene embargada... y aunque está en vías de solución, ya se sabe que las cosas de palacio van despacio... y mientras, estirando el dinero ahorrado... Hala, la espalda sobrecargada ya...

Soy una quejica, lo sé... lo sé... tengo un amigo que me dice que soy una víctima ¿será verdad?... quizá estoy siempre quejándome... no quiero eso para mí, de verdad... no soporto a la gente así... ¿seré yo así?... Ah, claro... mis rayadas... es que, además de todas las cosas que me pasan (que ya se que le pasan a todos y no sólo a mí, pero este es mi blog y me da la gana quejarme)... luego estoy yo misma como problema de fondo... mis miedos, mis sentimientos, mis postergaciones, mis... mis... Echo de menos a alguien, se lo digo, me siento frágil y luego, me siento ridícula... Debería dejar de pensar tanto... seguro que no es bueno... ¡bah! ahora seguro que me rayo con eso... ahora me va a tocar rayarme con lo mucho que me rayo... ¡¡¡joer, que cansina soy!!!... yo misma en mi mochila... Pues mira que peso!!!

No, no... demasiado ya... He conseguido, con todo esto, tener una apatía monumental... No paro de dormir, me quedo sopa en el sofá todos los días... no empiezo a hacer cosas que quiero hacer... Salgo a la calle sin ganas... evito a quien me ronda (me acaban de echar la bronca por ello, merecida, además)... Es que no tengo ganas de nada...

¿Es que no hay nada bueno? Si lo hay, si... hay muchas cosas buenas... es cierto que estoy cansada, julio se hace muy cuesta arriba, pero... el juicio del asunto familiar salió bastante bien, no tenemos sentencia pero estamos esperanzados... mi hijo... ya queda menos para que vuelva y luego, me queda el resto del verano para recomponerlo un poco antes de que empiece el curso... lo de Hacienda, se arreglará... no pasa nada y además es dinero... Y percibo que me quieren... mi madre me quiere, lo sé, aunque sea difícil tratar con ella para mí... Frente a la decepción de una amiga, tengo a otra amiga que me llama todos los días para ver qué tal estoy (es tan cariñosa!)... quien me interesa, se interesa por mí, en realidad no debería echarle de menos, porque está siempre ahí, a vuelta de correo... el trabajo de julio, lo sacaré adelante, como todos los años... Y bueno, no estaré tan mal si aún tengo a alguien que me ronda ¿no?... que le digan piropos a una sube la moral, al fin y al cabo...

Sí, sé lo que tengo que hacer. Seguir, un paso detrás de otro, que julio no es un mes infinito y llegará el día 31, como todos los años... Sacudirme las nubes de la cabeza y seguir caminando... da pereza, pero ¿hay otra opción?... Primer paso: purgarlo todo en el blog. Lo siento por quien me lea, pero es lo que toca.

Hala, a seguir caminando...

domingo 21 de junio de 2009

Tú lo que tienes es mieditis aguditis

Parece una verdad de perogrullo, pero lo cierto es que el miedo es cosa de valientes... en realidad, es de valientes y de cobardes, porque son los inconscientes los que no sienten miedo. Y es indiferente que el miedo lo sea a un peligro real o imaginario,porque lo que es indiscutible es que quien no percibe un peligro actúa sin conciencia del mismo, y que quien sí lo percibe tiene sólo dos posibilidades: achantarse y protegerse del peligro, o actuar y enfrentarlo.

Está claro que no todos los miedos son iguales, porque a veces, le tememos a peligros que no son reales. Yo, por ejemplo, tengo pánico a las alturas. Y a pesar de que racionalmente sé que tirarse de un trampolín supone solo un peligro moderado y fácilmente controlable, lo haría sólo si algo importante me fuera en ello. Para enfrentar ese "peligro", que en este caso es imaginario, necesitaría una motivación muy fuerte que me impulsara a hacerlo.

Hay miedos que son fáciles de identificar, como el que yo le tengo a las alturas... Pero hay otros, relacionados sobre todo con nuestro vínculo con el mundo y las personas, que son realmente difíciles de aislar y detectar. Y es importante hacerlo, porque el miedo tiene la virtud de provocarnos reacciones extrañas... si no sabemos a qué le tenemos miedo, nos podemos encontrar actuando de forma rara en muchos ámbitos de nuestra vida, comportándonos de forma incoherente y padeciendo angustia de forma difusa, sin saber exactamente por qué.

Esta semana tuve que recordarle esto a una amiga mía, que está padeciendo un ataque de mieditis aguditis. En su caso es normal que lo tenga, porque dentro de unos días va a ejecutar una decisión que tomó varios meses atrás, y que le va a suponer un cambio radical de vida: tras su divorcio, va a dejar el pueblo, la casa y el entorno en el que ha vivido durante veinte años, y se va a trasladar con sus hijos y sus bártulos a la ciudad de donde salió para casarse, de regreso con los suyos y estrenando trabajo nuevo...

Tuvo vértigo cuando tomó la decisión, pero analizó detenidamente la situación y llegó a la conclusión de que era lo mejor que podía hacer, porque su vida en aquel pueblo iba a ser muy triste y gris.

Ahora, cuando está con la cuenta atrás, lleva una semana llorando por las esquinas sin saber por qué, sufriendo una angustia que la consume por cada mínimo incidente cotidiano que le sucede, urgiendo a las personas de su más cercana confianza para que la atiendan... llegando a la idea, muchas veces, de que está siendo "desatendida" injustamente por algunas personas de las que esperaba más afecto...

Estaba sumida en un caos emocional total cuando me llamó el otro día, y empezó a relatarme todos los incidentes que había tenido estos días... y era todo una maraña de sentimientos contradictorios relacionados con una situación que nada tiene que ver con la fecha de su traslado... pero ésta aparecía nombrada en la conversación varias veces... Así que "diagnostiqué": "tu lo que tienes es mieditis aguditis"... y fui deshaciendo todo el lio que me había estado contando, y se lo fui relacionando con este proximo evento que la angustia... Empezó a hilar sentimientos, y se dio cuenta de que, ese miedo que le provoca la nueva situacion a la que se enfrenta es lo que le ha provocado actuar de forma extraña con algunas personas, intentando obtener de ellas seguridad en un terreno para compesar la sensación de pánico que tiene ahora mismo con su traslado... En realidad, esas personas no han cambiado un ápice su relación con ella: están ahí, la están apoyando, pero no perciben que la mudanza marque el final o el principio de nada... para ellas, es un hito importante en la vida de mi amiga, pero nada más... en cambio, para ella la proximidad de su tralado le supone lo mismo que para mí supone pensar en tirarme de un trampolín.

Se quedó más tranquila. Pero entonces, cuando se dio cuenta de que tiene un ataque de mieditis aguditis, llegó la fase dos: a nadie nos gusta el canguelo. Nos creemos que, por tener miedo, somos cobardes. Y no ayuda nada a nuestra estima personal el creernos cobardes... Y entonces tuve que recordarle la verdad de perogrullo: solo los inconscientes no tienen miedo, la valentia o la cobardía son actitudes frente al miedo, ergo... el valiente tiene tanto miedo como el cobarde... y la diferencia es que el valiente tiene una motivación poderosa que le impulsa a enfrentarse al peligro que percibe.

Si tienes mieditis aguditis, encuentra su causa y recuerda tu motivación... Si te merece la pena arriesgarte, lo harás... y serás valiente aunque tengas miedo.

Hala. A seguir viviendo.

domingo 7 de junio de 2009

La tarotista

Menuda, ojos negros, pequeños y vivos... Debía tener unos treinta años aproximadamente. Sin maquillajes, joyas llamativas o ropa extravagante, se movía por el puesto sorteando cajas de las que asomaban paquetitos de amuletos, cadenas, dijes, rosarios, aromas... Tras ella, un pañuelo a modo de tapiz, con una imagen de un elefante hindú, y a sus pies, su perrita Yoko, pequeña y vivaz.
- "¿Con quién tengo el gusto de hablar?" - me preguntó con gesto amable y mirada directa a los ojos.
Le dije mi nombre y mentalmente comencé a grabar qué datos le proporcionaba yo directamente, y a fijarme en cómo me miraba, imaginando qué información podía ella obtener de mi mera presencia allí, de mi forma de vestir, moverme y hablar.
Me preguntó también edad y profesión: "Cuarenta y dos" - respondí- "soy abogada". Sonrió. "Solo he tenido dos clientes abogados. Es raro, porque sois muy escépticos para estas cosas". "En realidad, somos escépticos para todo. Es nuestro trabajo. La realidad siempre depende del argumento en este oficio" - contesté.
Hizo una pequeña introducción para explicarme la diferencia entre leer las cartas, una técnica que cualquiera puede aprender, y ser vidente tarotista, que implica poseer un "don" que permite a su portador percibir imágenes sobre la vida, pasada o futura, del interlocutor mientras se lleva a cabo la lectura.
Cuando me pidió que le contara el motivo de mi visita, le dije que era tan sólo curiosidad, porque nunca me habían echado las cartas. Me explicó que, siendo "novata", me iba a resultar un tanto extraño, sobre todo en la forma en la que se expresan las cartas, y que me iba a hacer una "tirada general". Me pareció bien ¿qué podía decir? Ya estaba allí y había acudido "virgen" en la materia, así que no sabía qué otras alternativas podía haber.
Barajó el mazo de cartas del tarot, y me pidió que lo cortara con la mano izquierda ("la del corazón", dijo) en tres montones. Luego, ella recompuso el mazo y comenzó a desplegar las cartas sobre la mesa, componiendo una figura romboidal con ellas, mirándolas atentamente como si realmente estuviera leyendo un texto escrito.
Yo, mientras, intentaba reconstruir mentalmente la información que tenía de mi: sexo, edad, profesión... probablemente estado civil (no llevo anillo), posición económica (por mi ropa), algún rasgo de mi personalidad (por mi forma de hablar o de moverme)...
Comenzó a hablar: "Las cartas dicen..." Cuando inciaba un tema, esa fue siempre la frase introductora; me pareció curiosa: elimina practicamente toda la responsabilidad de la tarotista, ya que no es ella la autora de las palabras que pronuncia.
Tengo que reconocer que me sorprendió al hablarme de varios temas, y describir a algunas personas de mi entorno con mucho detalle; hizo referencia a problemas que me acucian, a mis actitudes frente a ellos, a posibles "pistas" para su solución". Casi todo lo que me dijo eran referencias al presente o al pasado, que predicciones sobre el futuro; y éstas eran muy vagas, del tipo de... "te puedes esperar cualquier cosa", "saldrá bien, porque aunque en un principio creas que no, luego te darás cuenta de que lo que te sucederá será lo mejor para tí". Otras de sus afirmaciones fueron, sencillamente, imposibles de comprobar, porque hacían referencia a espíritus de personas ya fallecidas. También noté cómo se fijaba en mis gestos, si asentía o me mostraba extrañada de lo que iba diciendo.
Me pareció bien la experiencia. Ella me gustó, me cayó bien y fue un rato agradable. No me convenció sobre el poder de los arcanos, pero he de reconocer que eso era muy difícil; lo que sí me dejó claro es que era una mujer muy inteligente, muy perceptiva en cuanto a la información evidente, con mucha capacidad para ir adaptando su discurso a las reacciones del oyente y que generó lo que en PNL se llama "rapport" de forma casi instantanea.
Le pregunté por qué las personas, tras una tirada del tarot, se sentían mejor o más seguras... Me confesó que la realidad es, con independencia de si uno es o no creyente, que cuando tienes un problema y un extraño verbaliza ese problema frente a tí, se produce un efecto inmediato de relativizar su gravedad o dramatismo, con lo cual, nos sentimos aliviados y con más fuerza para enfrentar el problema.
Me pareció una explicación lógica, pero empecé a plantearme una pregunta ¿tan visibles son mis preocupaciones que un extraño es capaz de enumerarlas con solo observarme un rato?... Me sentí desnuda y vulnerable.

jueves 4 de junio de 2009

Te permito amarme

Hace tres meses una amiga mía se lamentaba de ser "una fracasada emocional"... decía que nunca fue feliz con su marido, a quien sólo puede agradecer los dos hijos que tuvo con él... y que tras su divorcio ha tenido varias parejas sin haber logrado nunca una relación realmente satisfactoria y profunda. Decía que todos ellos la habían querido mucho, pero que no era un problema de cantidad de amor, sino de calidad de amor... al final, siempre terminaba diciendo "no me quieras tanto, quiéreme mejor".

Se sentía triste y asumía con resignación que, a estas alturas de la vida, no encontraría a nadie a quien querer y de quien ella puediera aceptar ese mismo sentimiento.

Y como un relámpago, sin sospecharlo siquiera, llegó a su vida "el hombre del pleno al quince". Al principio, muy al principio, se resistió a dejarse querer... convencida como estaba de que nadie la querría en la forma que ella necesitaba... luego se dejó llevar, y ahora la llamamos "la siempre feliz", porque no para de sonreir, los ojos le brillan y todo le parece bien...

Decidió volver a arriesgar, dejarse querer de nuevo, a sabiendas de que el amor es una aventura que siempre merece la pena vivir, porque en el peor de los casos, nos deja huellas dulces en el alma: las de los besos que nos dieron y que dimos.

Está muy feliz; dice que nunca lo ha sido tanto, y que no le importa lo que suceda mañana: se alegra de estar viviendo esto.


Aunque parezca paradójico, muchas veces es más difícil aceptar el amor de alguien que amar... bien porque hayamos sufrido en el pasado, bien porque a veces creemos no merecerlo, lo cierto es que aceptar el amor de otra persona comporta mucha responsabilidad y supone, por ello, una gran demostración del amor que nosotros mismos sentimos.

Hala, a seguir viviendo.