viernes, 8 de enero de 2010

Los Reyes Magos existen.

Pues sí, creo que se acabó la catarsis y estoy por aquí de vuelta. Un beso a Ronan, a Israel y a Anónimo que se han preocupado por mí durante estos meses de silencio... y sí, estaba de reformas... Ya sabeis que cuando uno se pone a mover tabiques, te lo presupuestan para quince días y luego pasa lo que pasa... surgen los imprevistos, los "imponderables"... una gotera aquí, una grieta allá... Pero creo que ya está.

Mi carta a los Reyes Magos de este año... No, no voy con retraso. La escribí a tiempo, pero no la publiqué porque me temo que me he vuelto creyente, y me pareció un poco de mal gusto... sobre todo viendo lo que les iba a pedir.

¿Y qué era eso que daría vergüenza publicar?... Pues algo muy egoista, que no redunda en mi crecimiento personal, ni en beneficio de quienes me rodean, sino sólo de mí misma... Una vez recogido ya el recado por los Reyes Magos, ya os lo puedo contar... Solo les he pedido mucha alegría para este año 2.010.

Es que... está claro como el agua, nítido y transparente, que los Reyes Magos existen, porque el año pasado a Gaspar le pedí un poco más de serenidad y paciencia, a Melchor, energía y voluntad, y a Baltasar, le pedí comprensión. Y me las trajeron, y en elevadas dosis que he tenido que emplear en el cúmulo de situaciones profesionales, personales y familiares que se han ido sucediendo.

Creo que en mi vida se han producido pocos años tan duros como este. Me han confirmado que mi hijo padece un déficit de atención, que no es grave, pero al que hay que prestar una doble atención... lo cual, siendo una familia monoparental, supone cuadruplicar esfuerzos. Hasta llegar a ese diagnóstico, hemos pasado por suspensos que le han provocado mucha frustración, expulsiones del colegio que le han hecho sentirse "malo", discusiones con el padre que ve como mejor solución cambiarle de colegio, consultas, debates, lecturas... en fin, mucho desgaste. Paciencia y serenidad. Paciencia con mi hijo, serenidad con su padre.

Por otro lado, un juicio en el que tengo implicación familiar directa, se celebró en julio. Suponía la culminación de tres años de trabajo, y las consecuencias podrían ser catastróficas. Una gran responsabilidad que asumí en contra del aforsimo "el abogado de si mismo tiene un necio por cliente", y a favor del refranero popular "ira de hermanos, ira de diablos"... En un atisbo de inteligencia práctica, recurrí a la ayuda de un compañero, y sin embargo amigo, al que estaré agradecido toda la vida (y no sabe el cuánto... mejor así, porque es abogado). Tal fue la presión emocional derivada de la implicación familiar, la complejidad del caso, y la conciencia de que nuestro sistema resulta, a la postre, arbitrario, que llegué a tomar la decisión seria de abandonar la profesión si no sacaba el tema adelante... Aun no está el tema resuelto definitivamente, pero hemos ganado la primera instancia por goleada, lo cual es mucho ya. Energía y voluntad a raudales. Energía para tirar de mí, de mis famliares y del resto de abogados implicados, durante un par de meses trabajando a diario, sin descanso, motivando, apaciguando... Y voluntad de sobreponerme a mis propios desfallecimientos morales, a mi debilidad, a mis nervios y miedos.

Finalmente, y en el terreno sentimental, he tenido que asumir que la persona a la que yo quería no sentía lo mismo por mí. Y ello me ha exigido mucha dosis de comprensión, de mi misma y de su posición,  porque lo fácil habría sido sentirme engañada o culpabilizarle a él, pero eso habría sido una huída por mi parte, nada más. Lo cierto es que me quería, y aunque yo así lo sentía pues eso era lo que sus ojos me decían, lo cierto es que me quería (y me quiere), pero sólo como amiga. Pues bien, comprendido y aceptado. Y no ha sido fácil llegar a la conclusión de que si me quisiera como yo creía, estaría conmigo sin importar obstáculos, como a mí no me han importado los que me encontré en el camino para estar con él. Y ahora, de nuevo, soy una mujer libre.

Por lo tanto, visto lo visto, he llegado a la conclusión de que los Reyes Magos existen, y que hay que tener mucho cuidado con lo que se les pide: el año pasado pedí capacidades utiles para superar momentos malos, y el año me ha deparado las circuntanscias necesarias para comprobar la realidad de los regalos; por ello, este año les he pedido lo que surge en los momentos buenos... Alegría... ¡Alegría, alegría y alegría!. Eso es lo que he pedido para este año.

Y tengo mucha confianza en que me la van a traer... Que este año, con ese número tan bonito, tan par, tan divisible, tan redondo, va a ser un año en el que la sonrisa será una constante, porque voy a disfrutar de muchos momentos alegres, que me van a llegar para que yo pueda proclamar de nuevo, el año que viene, la verdadera existencia y realidad de los Reyes Magos.

He vuelto. Y este año, va a ser un buen año.