jueves, 17 de julio de 2008

Testimonios

Ayer empecé a leer un libro que me regaló un amigo, "Testimonios de madres con hijos hiperactivos". Creo que no había querido empezar antes porque sabía lo que me iba a pasar, pero pronto llegará mi retoño de sus vacaciones con su padre (se lo está pasando fenomenal) y creo que me gustará haber leido parte por lo menos cuando vuelva, porque este año tengo que llevarle a valorar por si tuviera, como sospechan sus terapeutas, un déficit de atención o hiperactividad.
Lo cierto es que me da una pereza emocional terrible, porque los dos últimos años han sido muy tranquilos en cuanto a su evolución: todo el mundo estaba encantado y maravillado de que, tal y como nació, fuera tan bien. Pero este año, que ya tocaba empezar a leer y a escribir, y también a sumar, ha empezado a dar la cara un riesgo que ya me habían anunciado desde un principio. Volver de nuevo a sentir el peso de la preocupación es lo que me da pereza... es tan cansado.
Es cierto que ahora tengo mucho apoyo, cosa que no me sucedió cuando nació mi hijo, porque vivía a cuatrocientos kilómetros de mi familia. Y este amigo que me regaló el libro es también una gran ayuda, porque siempre se le ocurren estrategias nuevas para sugerirme; otras personas, no las juzgo pero no ayuda nada, en lugar de ello me miran como pensando que soy una histérica y me dicen "tu hijo está genial, hija... no te preocupes tanto, que es un cielo".
Sé que es un cielo (es mi hijo, qué voy a decir), es muy cariñoso y al mirarlo, se le ve muy feliz, que es lo que más me importa. En realidad, cuando me dijeron que quizá el niño no podría caminar, quizá no oyera, y posiblemente se quedara ciego, mi angustia venía porque no sabía cómo podía yo conseguir que fuera feliz.
Y eso es lo que me lleva al libro que me estoy leyendo. Son testimonios contados en primera persona por madres de niños diagnosticados como hiperactivos; cada historia es distinta porque cada caso es diferente. Y la primera historia la cuenta una madre de un niño que siempre fue muy "movido", muy inteligente, pero que no paraba quieto. No tenía problemas con las notas, porque su cociente rozaba de cerca la superdotación, pero no encajaba con sus compañeros, profesores o sus propias hermanas. Vivía aislado y se sentia infeliz. Quería morirse y se lo decía a su madre. Tardaron en diagnosticarlo mucho tiempo, por el desconocimento que había de este síndrome, y su madre cuenta que en una ocasión incluso le encontraron en la cocina con un cuchillo diciendo que se quería morir. En otra ocasión, estando en la cama acostado, le decía a su madre que le encantaba estar así porque se sentía como si estuviera muerto, que quería morirse porque no podía seguir viviendo así. Le habían estado tratando por ansiedad y algo había mejorado, pero no salía de su aislamiento.
Finalmente, dieron con un gabiente que le diagnostió hiperactividad con actitud desafiante (creo) y comenzaron el tratamiento. Y cambió su vida; ahora, es un chico que está integrado, es feliz y conoce y acepta la hiperactividad... incluso dice que no sabe si tratarla como a una amiga o como una enemiga.
No puedo ni imaginarme el sufrimiento de esa madre, oyendo decir a su hijo desde muy pequeño que no quería vivir... A punto estuvo de tirar la toalla muchas veces, pero no lo hizo. Ahora, su hijo le dice que menos mal que estuvo allí, que si no, qué hubiera sido de él.
Eso es lo que yo llamo un problema... lo demás, son meras incidencias de la vida.

2 comentarios:

israel dijo...

Cuando yo era pequeño era bastante emfermizo, incluso ahora, pero entonces era exagerado las migrañas que tenía, no me dejaban y sufría mucho y recuerdo que más de una vez, siendo pequeño, llegué a decirle alguna barbaridad a mi madre como que quería morirme o algo así, no estoy seguro pero lo llevaba mal y no sabían de qué era, bueno y siguen sin saberlo.

Supongo que aunque te avisaran de antemano que tu hijo podía tener problemas uno nunca está preparado para algo así pero bueno, siempre hay tiempo para prepararse ya que es algo que no se puede eludir y seguro que tu hijo sale adelante con una madre como tú.

Me imagino que para una madre, y un padre claro, debe ser duro el que un hijo tenga que pasar por algo malo, curiosamente los niños suelen ser fuertes, resistentes, es como si las personas conforme nos hacemos mayores nos hiciéramos algo más débiles.

Maribel dijo...

Isra ¿has ido a un fisioterapeuta?, mi madre está yendo a uno especializado en neuropatías que hace milagros... cosas del nervio vago o algo asi se llama. Han llevado a mi sobrino, que tiene apenas tres meses y no paraba de llorar como nunca hemos visto, y dice que tiene un noséqué que le presiona ese nervio y le provoca constante dolor en la cabeza... le dio una sesión y ha mejorado mucho; dice que en tres estará como nuevo. Al parecer es muy habitual en los nacimientos por cesárea, como fue su caso. Luego me he enterado de más gente que le ha pasado lo mismo.
Para los problemas uno no está preparado, son los problemas los que te preparan. Y, como tú dices, realmente es algo que no se puede eludir, y que toda maniobra de intentar escapar (como ignorar el problema, que es muy habitual) sólo contribuye a empeorarlo. Y ponerse a llorar no soluciona nada.
Lo que pasa con los hijos es que, aunque sepas que no tienes culpa, te sientes responsable. Parece que estamos programados para protegerlos hasta tal punto que si algo malo les pasa siempre tienes la sensacion de que es culpa tuya. Esa madre oyendo a su hijo decir que se quería morir, estaría deshaciéndose por dentro intentando buscar qué estaba haciendo mal... Es duro, pero su testimonio demuestra que los problemas se asumen y se buscan soluciones. Es la única manera.

Un beso, Isra