Menuda, ojos negros, pequeños y vivos... Debía tener unos treinta años aproximadamente. Sin maquillajes, joyas llamativas o ropa extravagante, se movía por el puesto sorteando cajas de las que asomaban paquetitos de amuletos, cadenas, dijes, rosarios, aromas... Tras ella, un pañuelo a modo de tapiz, con una imagen de un elefante hindú, y a sus pies, su perrita Yoko, pequeña y vivaz.
- "¿Con quién tengo el gusto de hablar?" - me preguntó con gesto amable y mirada directa a los ojos.
Le dije mi nombre y mentalmente comencé a grabar qué datos le proporcionaba yo directamente, y a fijarme en cómo me miraba, imaginando qué información podía ella obtener de mi mera presencia allí, de mi forma de vestir, moverme y hablar.
Me preguntó también edad y profesión: "Cuarenta y dos" - respondí- "soy abogada". Sonrió. "Solo he tenido dos clientes abogados. Es raro, porque sois muy escépticos para estas cosas". "En realidad, somos escépticos para todo. Es nuestro trabajo. La realidad siempre depende del argumento en este oficio" - contesté.
Hizo una pequeña introducción para explicarme la diferencia entre leer las cartas, una técnica que cualquiera puede aprender, y ser vidente tarotista, que implica poseer un "don" que permite a su portador percibir imágenes sobre la vida, pasada o futura, del interlocutor mientras se lleva a cabo la lectura.
Cuando me pidió que le contara el motivo de mi visita, le dije que era tan sólo curiosidad, porque nunca me habían echado las cartas. Me explicó que, siendo "novata", me iba a resultar un tanto extraño, sobre todo en la forma en la que se expresan las cartas, y que me iba a hacer una "tirada general". Me pareció bien ¿qué podía decir? Ya estaba allí y había acudido "virgen" en la materia, así que no sabía qué otras alternativas podía haber.
Barajó el mazo de cartas del tarot, y me pidió que lo cortara con la mano izquierda ("la del corazón", dijo) en tres montones. Luego, ella recompuso el mazo y comenzó a desplegar las cartas sobre la mesa, componiendo una figura romboidal con ellas, mirándolas atentamente como si realmente estuviera leyendo un texto escrito.
Yo, mientras, intentaba reconstruir mentalmente la información que tenía de mi: sexo, edad, profesión... probablemente estado civil (no llevo anillo), posición económica (por mi ropa), algún rasgo de mi personalidad (por mi forma de hablar o de moverme)...
Comenzó a hablar: "Las cartas dicen..." Cuando inciaba un tema, esa fue siempre la frase introductora; me pareció curiosa: elimina practicamente toda la responsabilidad de la tarotista, ya que no es ella la autora de las palabras que pronuncia.
Tengo que reconocer que me sorprendió al hablarme de varios temas, y describir a algunas personas de mi entorno con mucho detalle; hizo referencia a problemas que me acucian, a mis actitudes frente a ellos, a posibles "pistas" para su solución". Casi todo lo que me dijo eran referencias al presente o al pasado, que predicciones sobre el futuro; y éstas eran muy vagas, del tipo de... "te puedes esperar cualquier cosa", "saldrá bien, porque aunque en un principio creas que no, luego te darás cuenta de que lo que te sucederá será lo mejor para tí". Otras de sus afirmaciones fueron, sencillamente, imposibles de comprobar, porque hacían referencia a espíritus de personas ya fallecidas. También noté cómo se fijaba en mis gestos, si asentía o me mostraba extrañada de lo que iba diciendo.
Me pareció bien la experiencia. Ella me gustó, me cayó bien y fue un rato agradable. No me convenció sobre el poder de los arcanos, pero he de reconocer que eso era muy difícil; lo que sí me dejó claro es que era una mujer muy inteligente, muy perceptiva en cuanto a la información evidente, con mucha capacidad para ir adaptando su discurso a las reacciones del oyente y que generó lo que en PNL se llama "rapport" de forma casi instantanea.
Le pregunté por qué las personas, tras una tirada del tarot, se sentían mejor o más seguras... Me confesó que la realidad es, con independencia de si uno es o no creyente, que cuando tienes un problema y un extraño verbaliza ese problema frente a tí, se produce un efecto inmediato de relativizar su gravedad o dramatismo, con lo cual, nos sentimos aliviados y con más fuerza para enfrentar el problema.
Me pareció una explicación lógica, pero empecé a plantearme una pregunta ¿tan visibles son mis preocupaciones que un extraño es capaz de enumerarlas con solo observarme un rato?... Me sentí desnuda y vulnerable.
domingo, 7 de junio de 2009
jueves, 4 de junio de 2009
Te permito amarme
Hace tres meses una amiga mía se lamentaba de ser "una fracasada emocional"... decía que nunca fue feliz con su marido, a quien sólo puede agradecer los dos hijos que tuvo con él... y que tras su divorcio ha tenido varias parejas sin haber logrado nunca una relación realmente satisfactoria y profunda. Decía que todos ellos la habían querido mucho, pero que no era un problema de cantidad de amor, sino de calidad de amor... al final, siempre terminaba diciendo "no me quieras tanto, quiéreme mejor".
Se sentía triste y asumía con resignación que, a estas alturas de la vida, no encontraría a nadie a quien querer y de quien ella puediera aceptar ese mismo sentimiento.
Y como un relámpago, sin sospecharlo siquiera, llegó a su vida "el hombre del pleno al quince". Al principio, muy al principio, se resistió a dejarse querer... convencida como estaba de que nadie la querría en la forma que ella necesitaba... luego se dejó llevar, y ahora la llamamos "la siempre feliz", porque no para de sonreir, los ojos le brillan y todo le parece bien...
Decidió volver a arriesgar, dejarse querer de nuevo, a sabiendas de que el amor es una aventura que siempre merece la pena vivir, porque en el peor de los casos, nos deja huellas dulces en el alma: las de los besos que nos dieron y que dimos.
Está muy feliz; dice que nunca lo ha sido tanto, y que no le importa lo que suceda mañana: se alegra de estar viviendo esto.
Aunque parezca paradójico, muchas veces es más difícil aceptar el amor de alguien que amar... bien porque hayamos sufrido en el pasado, bien porque a veces creemos no merecerlo, lo cierto es que aceptar el amor de otra persona comporta mucha responsabilidad y supone, por ello, una gran demostración del amor que nosotros mismos sentimos.
Hala, a seguir viviendo.
Se sentía triste y asumía con resignación que, a estas alturas de la vida, no encontraría a nadie a quien querer y de quien ella puediera aceptar ese mismo sentimiento.
Y como un relámpago, sin sospecharlo siquiera, llegó a su vida "el hombre del pleno al quince". Al principio, muy al principio, se resistió a dejarse querer... convencida como estaba de que nadie la querría en la forma que ella necesitaba... luego se dejó llevar, y ahora la llamamos "la siempre feliz", porque no para de sonreir, los ojos le brillan y todo le parece bien...
Decidió volver a arriesgar, dejarse querer de nuevo, a sabiendas de que el amor es una aventura que siempre merece la pena vivir, porque en el peor de los casos, nos deja huellas dulces en el alma: las de los besos que nos dieron y que dimos.
Está muy feliz; dice que nunca lo ha sido tanto, y que no le importa lo que suceda mañana: se alegra de estar viviendo esto.
Aunque parezca paradójico, muchas veces es más difícil aceptar el amor de alguien que amar... bien porque hayamos sufrido en el pasado, bien porque a veces creemos no merecerlo, lo cierto es que aceptar el amor de otra persona comporta mucha responsabilidad y supone, por ello, una gran demostración del amor que nosotros mismos sentimos.
Hala, a seguir viviendo.
jueves, 21 de mayo de 2009
En bandeja de plata
Diagnóstico: mordedura humana... Me encontré con un parte médico idéntico, pero contrario... Me lo temía, suele pasar: agresión recíproca, denuncias similares de los implicados, lesiones parecidas... ¿no hay testigos? No, la pelea fue en el interior de una tienda de lencería, persiana echada, y sin nadie presente... Pues no hay mucho más que rascar: condena para todos los participantes en la riña... No obstante, me planté en el Juzgado una hora antes del señalamiento para ver con detalle la denuncia y parte de lesiones contrario, por si hubiera algún detallito al que agarrarme para evitar la sentencia salomónica e injusta, porque mi cliente era la agredida de verdad.
Una hora después de la señalada para la vista, apareció el abogado contrario. Tuvo suerte de que el Juzgado fuera con retraso, aunque viéndole actuar, me temo que siempre llegaba contando con la impuntualidad habitual de los señalamientos.
Llegó con aire apresurado, un poco sudoroso y ligeramente despeinado. Bien vestido, de unos cuarenta y tantos años, caminaba con pasos grandes pero ligeramente encorvado debido a que era notoriamente más alto que el resto de los presentes. Lucía una "curva" abdominal propia del consumidor de cervezas, piscolabis, aperitivos y demás, por lo que era fácil imaginarlo practicando el "coding" en los garitos de la ciudad.
Ante la evidencia de la futura sentencia doble-condenatoria, la Juez nos invitó a hablar para llegar a un acuerdo. Nos cruzamos miradas de "vamos a hablarlo" y me espetó "¿cuánto me vas a pagar?"... yo no daba crédito a lo que me decía... "¿qué?", le contesté, sin poder evitar un gesto de "esto-no-es-un-marciano-aunque-lo-parezca"... Con un aplomo alucinante, como si estuviera echándome un órdago a los pares con dos cincos, me suelta "Si, vamos, tu cliente le pegó una paliza a la mía, y tengo un testigo presencial cuyo testimonio es contundente"...
Acababa de empezar, de verdad, una partida de mus... y el compañero iba de mano:
- A la grande: envido a que tengo un testigo que te voy a machacar... Y yo: Tu cliente acaba de llamar al testigo por un apelativo cariñoso, y yo veo que es musulman y la tienda era de lencería ¿qué hace un musulman mirando fijamente un escaparate de lencería femenina cristiana?... Veo tu envite y levantamos las cartas a la hora del tanteo.
- A la chica: ordago a que voy a suspender el jucio porque hay una nulidad de actuaciones... Y yo: bien, parece que tu testigo no era tan contundente... todo el mundo sabe que más vale testigo en mano que juicio volando... la juez no va a querer suspender el juicio porque le supone señalar de nuevo, en lugar de dejarlo ya resuelto, siendo además una sentencia muy fácil para ella... Veo el órdago... Entramos a sala, propone la nulidad, la juez la deniega... pero sigue la partida.
- A los pares: con las cartas que tenia, ya solo podía echarme un envite con mucho miedo a los pares, y me dice... "esta juez es un peligro público, van a salir las dos condenadas... págame algo, aunque sean 20 €, algo simbólico"... Y yo: pues vaya noticia la tuya, ¿las dos condenadas?... apuesto lo que me queda a que la mejor solución es el perdón recíproco, pedimos el archivo y salen las dos absueltas... No tenia más remedio que aceptar, era su solución para no tener que celebrar el juicio, cosa que queria evitar a toda costa a pesar de su testigo contundente.
- Al juego: en un ultimo intento, mientras mi cliente decidía qué hacer, empezó a meterle prisa para que se decidiera, diciendo que si tanto se lo tenía que pensar, que mejor celebrábamos el juicio.
Era evidente que intentaba llevarse al gato al agua, y en su defecto, salir con una absolucion segura para su cliente. Lo segundo era fácil, porque yo estaba de acuerdo, siempre que la mia saliera también limpia, claro... Cerramos el acuerdo.
Cuando ví evolucionar a este abogado, tuve la certeza de que lo habia visto antes... no sabia donde, pero ya habia coincidido con este personaje... Pensé que se comportaba como un jugador, apostaba a un número, y si no salía, tenía una apuesta de reserva... y utilizaba en el juego todas las armas fuleras que conocía, aunque fueran contradictorias entre sí... Recordé donde lo habia visto antes, pero no era a él, era a Walter Matthau en "En Bandeja de Plata"... gran película... Era la favorita de mi primer ex, también abogado, también alto y con "curva cervecera"... aficionado al mus, al tapeo a destajo y al que nunca llevé de contrario, pero creo que su comportamiento en sala debía ser muy similar al de éste.
Menudo personaje.
Una hora después de la señalada para la vista, apareció el abogado contrario. Tuvo suerte de que el Juzgado fuera con retraso, aunque viéndole actuar, me temo que siempre llegaba contando con la impuntualidad habitual de los señalamientos.
Llegó con aire apresurado, un poco sudoroso y ligeramente despeinado. Bien vestido, de unos cuarenta y tantos años, caminaba con pasos grandes pero ligeramente encorvado debido a que era notoriamente más alto que el resto de los presentes. Lucía una "curva" abdominal propia del consumidor de cervezas, piscolabis, aperitivos y demás, por lo que era fácil imaginarlo practicando el "coding" en los garitos de la ciudad.
Ante la evidencia de la futura sentencia doble-condenatoria, la Juez nos invitó a hablar para llegar a un acuerdo. Nos cruzamos miradas de "vamos a hablarlo" y me espetó "¿cuánto me vas a pagar?"... yo no daba crédito a lo que me decía... "¿qué?", le contesté, sin poder evitar un gesto de "esto-no-es-un-marciano-aunque-lo-parezca"... Con un aplomo alucinante, como si estuviera echándome un órdago a los pares con dos cincos, me suelta "Si, vamos, tu cliente le pegó una paliza a la mía, y tengo un testigo presencial cuyo testimonio es contundente"...
Acababa de empezar, de verdad, una partida de mus... y el compañero iba de mano:
- A la grande: envido a que tengo un testigo que te voy a machacar... Y yo: Tu cliente acaba de llamar al testigo por un apelativo cariñoso, y yo veo que es musulman y la tienda era de lencería ¿qué hace un musulman mirando fijamente un escaparate de lencería femenina cristiana?... Veo tu envite y levantamos las cartas a la hora del tanteo.
- A la chica: ordago a que voy a suspender el jucio porque hay una nulidad de actuaciones... Y yo: bien, parece que tu testigo no era tan contundente... todo el mundo sabe que más vale testigo en mano que juicio volando... la juez no va a querer suspender el juicio porque le supone señalar de nuevo, en lugar de dejarlo ya resuelto, siendo además una sentencia muy fácil para ella... Veo el órdago... Entramos a sala, propone la nulidad, la juez la deniega... pero sigue la partida.
- A los pares: con las cartas que tenia, ya solo podía echarme un envite con mucho miedo a los pares, y me dice... "esta juez es un peligro público, van a salir las dos condenadas... págame algo, aunque sean 20 €, algo simbólico"... Y yo: pues vaya noticia la tuya, ¿las dos condenadas?... apuesto lo que me queda a que la mejor solución es el perdón recíproco, pedimos el archivo y salen las dos absueltas... No tenia más remedio que aceptar, era su solución para no tener que celebrar el juicio, cosa que queria evitar a toda costa a pesar de su testigo contundente.
- Al juego: en un ultimo intento, mientras mi cliente decidía qué hacer, empezó a meterle prisa para que se decidiera, diciendo que si tanto se lo tenía que pensar, que mejor celebrábamos el juicio.
Era evidente que intentaba llevarse al gato al agua, y en su defecto, salir con una absolucion segura para su cliente. Lo segundo era fácil, porque yo estaba de acuerdo, siempre que la mia saliera también limpia, claro... Cerramos el acuerdo.
Cuando ví evolucionar a este abogado, tuve la certeza de que lo habia visto antes... no sabia donde, pero ya habia coincidido con este personaje... Pensé que se comportaba como un jugador, apostaba a un número, y si no salía, tenía una apuesta de reserva... y utilizaba en el juego todas las armas fuleras que conocía, aunque fueran contradictorias entre sí... Recordé donde lo habia visto antes, pero no era a él, era a Walter Matthau en "En Bandeja de Plata"... gran película... Era la favorita de mi primer ex, también abogado, también alto y con "curva cervecera"... aficionado al mus, al tapeo a destajo y al que nunca llevé de contrario, pero creo que su comportamiento en sala debía ser muy similar al de éste.
Menudo personaje.
lunes, 18 de mayo de 2009
Diagnóstico: mordedura humana.
Hay frases que deberían ser el título de una canción o el nombre de un grupo de música. Eso es lo que pasa con la frase "Diagnóstico: mordedura humana" que me he encontrado en un parte médico de un juicio por lesiones que tengo que celebrar mañana.
Cierto es que, en un principio, la frase me causaba perplejidad ya que me evocaba películas del género gore, y del tipo "Hombre lobo americano en París" ... Sin embargo, recopilando un poco de información al respecto, parece que la mordedura humana tiene un riesgo de infección más elevado que la causada por animales, debido a que en la boca humana hay gérmenes y patógenos que ocasionan infecciones muy difíciles de tratar, hasta el punto de que es posible que el mordido requiera hospitalización.
¡Qué cosas!... La mordedura humana es peligrosa, no por la lesión en sí misma, sino por el "veneno biológico" que puede inocular en la víctima... Quizá habría que reformular la frase de Hobbes y pasar a decir que "el hombre es un escorpión para el hombre".
Cierto es que, en un principio, la frase me causaba perplejidad ya que me evocaba películas del género gore, y del tipo "Hombre lobo americano en París" ... Sin embargo, recopilando un poco de información al respecto, parece que la mordedura humana tiene un riesgo de infección más elevado que la causada por animales, debido a que en la boca humana hay gérmenes y patógenos que ocasionan infecciones muy difíciles de tratar, hasta el punto de que es posible que el mordido requiera hospitalización.
¡Qué cosas!... La mordedura humana es peligrosa, no por la lesión en sí misma, sino por el "veneno biológico" que puede inocular en la víctima... Quizá habría que reformular la frase de Hobbes y pasar a decir que "el hombre es un escorpión para el hombre".
viernes, 20 de marzo de 2009
La manía de las estadísticas
Este es un post, meramente interno, para señalar que voy a quitar los contadores de estadísticas del blog. Figura abajo, al pie, y registra las visitas, indicando fecha, hora y lugar desde donde se entra al blog... y resulta que ultimamente ando mirando quien entra y quien no entra, y a qué horas lo hace, etc. Y he visto que la mayoría de las lecturas del blog se hacen a las entradas que tienen palabras como "personas duras", "personas despreciables", "rehacer la vida"... Es más, la mayoría de las entradas buscan algo sobre ello.
Y he decidido que no quiero saberlo. Que este blog lo escribo porque me sirve como ejercicio personal e intimo unas veces, y otras como diario para guardar el recuerdo de personas o hechos que no quisiera olvidar... Y con independencia de quien entra y qué quiere encontrar.
Asi que, es el fin de las estadísticas y el hola a los lectores totalmente anónimos en procedencia, conexiones y búsquedas.
Y he decidido que no quiero saberlo. Que este blog lo escribo porque me sirve como ejercicio personal e intimo unas veces, y otras como diario para guardar el recuerdo de personas o hechos que no quisiera olvidar... Y con independencia de quien entra y qué quiere encontrar.
Asi que, es el fin de las estadísticas y el hola a los lectores totalmente anónimos en procedencia, conexiones y búsquedas.
sábado, 14 de marzo de 2009
Asincronía letal
Eran siete hermanos; seis varones y una hembra en una familia de origen humilde. Su padre se ganaba la vida como mecánico en un taller que consiguió hacer propio y al que llevó a trabajar a su hijo mayor cuando tuvo suficiente edad para aprender el oficio. Y menos mal que lo hizo, porque al poco tiempo murió junto con su esposa en un accidente de tráfico, dejando al primogénito a cargo de los seis hermanos menores.
Haciendo de padre y madre desde muy joven, el hijo mayor trabajó como una mula; como era avispado y activo, a golpe de riñon amplió el negocio con una compraventa de coches que resultaba muy lucrativa. Incorporó al negocio a los hermanos a medida que iban cumpliendo años, con la aspiración de que la niña hiciera un buen matrimonio y que el pequeño, por lo menos, pudiera estudiar algo.
La niña cumplió su objetivo, pero los pequeños se negaron a estudiar. Y disfrutando de una mejor situación económica de la familia, protegidos por su hermano mayor que intentaba suplir la carencia de sus padres con un exceso de tutela, se convirtieron en unos bandarras mal criados que trabajaban lo justito, no ahorraban nada y siempre andaban metiéndose en lios.
El gasto familiar se incrementó considerablemente, no solo con las pifias de los pequeños. Los mayores se casaron, tuvieron hijos y, tal y como fueron educados, quisieron que sus mujeres se dedicaran a cuidar de la familia...
La situación comenzó a ser sostenible, pero delicada, ya que un mal golpe de la fortuna podia romper el equilibrio. Y así sucedió... el negocio de compraventa de vehículos tiene el riesgo de que uno puede ser estafado al importar vehiculos de alta gama de segunda mano, y lo peor, es que aún puedes resultar acusado de participar en el entramado. Por ello, y aunque el hermano mayor comprobaba que todos y casa uno de los vehículos que adquiría fuera del pais no estaban denunciados, cayó en una argucia que le llevo a vender, sin él saberlo, tres vehículos robados. Y puesto que los coches fueron incautados por la policía, para evitar perjuicios a sus compradores, les devolvió el dinero, entrando asi en un déficit importante.
El procedimiento penal se alargaba y él no recuperaba ni los coches ni el dinero. Las deudas le ahogaban y sus hermanos no respondían como era debido. El cargaba con todo el peso de la familia. De una famlia grande y endeudada.
Era muy fuerte, le recuerdo con unos brazos como árboles. Los ojos azules y siempre sonriendo. A cada pega que se le presentaba, su respuesta era siempre la de "tirar pa'lante"; sonreía mucho y tenia una gran vitalidad, aunque cuando hablaba de sus hermanos la mirada se le velaba como con resignación y un poco de sentimiento de culpa por haberlos malcriado.
Tuvo que sacar dinero de debajo de las piedras, algo tenia que hacer... Solia decir "antes muerto que derrotao"... Y así sucedió. Un dia desapareció por las buenas, y tras un mes de búsquedas, peinando el monte apareció en el fondo de un pozo, tiroteado.
La viuda, joven y con un niño pequeño, lloraba a su esposo mientras nosotros, en el despacho, recibíamos la notificación de la sentencia absolutoria.
Tengo que reconocer que esta historia la tenia olvidada por completo, porque me hacia sentirme muy mal el pensar qué habria pasado si el procedimiento no se hubiera dilatado tanto... o si él no hubiera intentado mantener el nivel economico de la familia enredándose en negocios peligrosos...
La vida fluye con un ritmo natural, y a veces, intentar apresurarlo solo consigue que demos lugar a una asincronía letal...
Haciendo de padre y madre desde muy joven, el hijo mayor trabajó como una mula; como era avispado y activo, a golpe de riñon amplió el negocio con una compraventa de coches que resultaba muy lucrativa. Incorporó al negocio a los hermanos a medida que iban cumpliendo años, con la aspiración de que la niña hiciera un buen matrimonio y que el pequeño, por lo menos, pudiera estudiar algo.
La niña cumplió su objetivo, pero los pequeños se negaron a estudiar. Y disfrutando de una mejor situación económica de la familia, protegidos por su hermano mayor que intentaba suplir la carencia de sus padres con un exceso de tutela, se convirtieron en unos bandarras mal criados que trabajaban lo justito, no ahorraban nada y siempre andaban metiéndose en lios.
El gasto familiar se incrementó considerablemente, no solo con las pifias de los pequeños. Los mayores se casaron, tuvieron hijos y, tal y como fueron educados, quisieron que sus mujeres se dedicaran a cuidar de la familia...
La situación comenzó a ser sostenible, pero delicada, ya que un mal golpe de la fortuna podia romper el equilibrio. Y así sucedió... el negocio de compraventa de vehículos tiene el riesgo de que uno puede ser estafado al importar vehiculos de alta gama de segunda mano, y lo peor, es que aún puedes resultar acusado de participar en el entramado. Por ello, y aunque el hermano mayor comprobaba que todos y casa uno de los vehículos que adquiría fuera del pais no estaban denunciados, cayó en una argucia que le llevo a vender, sin él saberlo, tres vehículos robados. Y puesto que los coches fueron incautados por la policía, para evitar perjuicios a sus compradores, les devolvió el dinero, entrando asi en un déficit importante.
El procedimiento penal se alargaba y él no recuperaba ni los coches ni el dinero. Las deudas le ahogaban y sus hermanos no respondían como era debido. El cargaba con todo el peso de la familia. De una famlia grande y endeudada.
Era muy fuerte, le recuerdo con unos brazos como árboles. Los ojos azules y siempre sonriendo. A cada pega que se le presentaba, su respuesta era siempre la de "tirar pa'lante"; sonreía mucho y tenia una gran vitalidad, aunque cuando hablaba de sus hermanos la mirada se le velaba como con resignación y un poco de sentimiento de culpa por haberlos malcriado.
Tuvo que sacar dinero de debajo de las piedras, algo tenia que hacer... Solia decir "antes muerto que derrotao"... Y así sucedió. Un dia desapareció por las buenas, y tras un mes de búsquedas, peinando el monte apareció en el fondo de un pozo, tiroteado.
La viuda, joven y con un niño pequeño, lloraba a su esposo mientras nosotros, en el despacho, recibíamos la notificación de la sentencia absolutoria.
Tengo que reconocer que esta historia la tenia olvidada por completo, porque me hacia sentirme muy mal el pensar qué habria pasado si el procedimiento no se hubiera dilatado tanto... o si él no hubiera intentado mantener el nivel economico de la familia enredándose en negocios peligrosos...
La vida fluye con un ritmo natural, y a veces, intentar apresurarlo solo consigue que demos lugar a una asincronía letal...
sábado, 7 de marzo de 2009
En una realidad paralela
Ya he contado otras veces que en mi oficio se conoce a muchas personas, la mayoría de las cuales se encuentran en alguna situación conflictiva que puede llegar a ser extrema: discusiones familiares por una herencia, divorcios con infidelidades y engaño incluidos, ruina economica por culpa de los impagados, un vecino histérico que les hace la vida imposible... Mis clientes suelen ser personas normales (entendiendo la "normalidad" por una tendencia y no un valor absoluto) que, encontrandose en una situación que ha llegado a ser crítica, pueden tener reacciones imprevistas hasta para ellos mismos, que se sorprenden descubriéndose más conciliadores de lo que creían ser o, más peleones de lo que pensaban que eran.
Sin embargo, algunas veces llegan a mi despacho personas que son, en si mismas, extremas: no es que tengan un problema concreto que les acucie o les agobie, es que el problema es estructural en ellos porque no son personas "normales". Es lo que sucede con mi cliente suicida, que aún sigue entre nosotros y que me hizo una visita sorpresa el lunes por la mañana: no tiene dinero para llamarme, asi que el lunes, a primera hora, alli estaba esperándome cuando llegué a la oficina. Poco puedo hacer por él, excepto escucharle, invitarle a un café en la sala de juntas y prestarle algo de dinero para que pueda coger el metro y comer esa semana.
Anoche, contando anécdotas durante una cena, recordé un personaje que vino a verme hace como tres años. Conctactó conmigo por teléfono y concertó una cita en el despacho. Tenía prisa y decia que era un tema importante y muy confidencial, por lo que le aseguré que no debía recelar, ya que estoy sujeta a la obligación de secreto profesional. El dia de la cita trajo varias sentencias y resoluciones judiciales; me hizo entrega de una fotocopia. Le eché un vistazo y no conseguia entender muy bien lo que queria que hiciera porque aquello parecía ya una via muerta... no habia nada más que hacer, excepto un eventual y desesperado recurso de amparo que no tenia visos de prosperar y que, de hacerlo, no le iba a suponer gran diferencia.
No recuerdo bien sobre qué era el recurso y la consulta, pero aún me parece que lo tuviera enfrente. En la sala de juntas de la oficina anterior, una de cuyas paredes era una cristalera completa que daba vista sobre la sala de trabajo general. Yo sentada de frente al cristal, viendo a mis compañeros, y él de espaladas a ellos. Era un hombre de unos cincuenta años, vestía de forma sencilla y correcta (era verano, y llevaba unos pantalones sport de algodon y una camisa de manga corta limpia y planchada). Usaba una barba bien recortada y su pelo era pajizo, a tono con su piel clara.
Mi compañera estuvo en el comienzo de la reunión, pero tuvo que disculparse y ausentarse en cuanto él comenzó su exposición porque se vio incapaz de mantener la calma. Yo no tenia escapatoria, tenia que estar allí, escucharle y, visto lo que me estaba contando, conseguir que se fuera con el menor daño posible para él y para mi.
Su problema era que tenia la paranoia del control mental, que al parecer es muy habitual. Las personas que lo padecen están convencidas totalmente de que existe un grupo de poder oculto, que maneja el mundo en realidad, y cuyo objetivo es llegar al control de todas y cada una de las personas que lo habitamos, a través de mecanismos de control mental. Para ello, disponen de medios tecnológicos aparentemente inocentes, como son la televisión, la radio, los ordenadores... según esta visión del mundo, la televisión en realidad capta tu vida y la transmite a los controladores, y además, emite ondas no audibles que producen una especie de hipnosis que somete la voluntad del individuo. Y cuando una persona como él se percata de la realidad y se desprende de la television o evita otros medios de control, entonces le someten a un espionaje que implica a todos sus vecinos, que no son tales: todos sus vecinos son "agentes" de esta autoridad oculta, incluidos sus hijos pequeños, que son falsos... ¿por qué, si no, cada vez que entra y sale de su casa el niño del vecino está en el rellano "haciendo como que juega"?... En su pensamiento, la unica explicación posible es que ese niño está ahi siempre para registrar sus horas de entrada y salida y dar aviso a los tecnicos que puedan estar dentro de su casa colocando micrófonos y cámaras ocultas... Por supuesto, habia visitado a muchos abogados antes, pero todos ellos eran víctimas del control mental.
Mientras eso me contaba, detrás suya, a través del cristal mis compañeras observaban la escena. Estaban pendientes de mis gestos y de sus movimientos, porque sabiendo de qué me estaba hablando, llegaron a asustarse... además de no comprender cómo no me daba la risa. Ciertamente era una película de ficción, y parecia increible que alguien pudiera estar contando eso... pero lo ridiculo de la historia que me estaba contando se veía muy superado por lo triste que se me aparecia la vida de esta persona, que no se fia ni de su televisor...
Tuve que pensar muy rápido como deshacerme de él sin ofenderle o humillarle, asi que... entré en su juego. Cuando me llegó el turno de hablar, le miré fijamente y le dije... "mire, antes de que sigamos, tengo que confesarle algo... que yo sepa, yo no soy "uno de ellos", pero tal y como me esta contando la historia, ya no sé qué es verdad y qué es mentira; lo que si debo decirle es que mi padre es militar. Se lo digo, porque debes valorarlo y decidir después si quiere que yo me encargue de esto o no"... Se quedó blanco, y yo veia cómo su mente estaba intentando cuadrar datos para llegar a una conclusión. Me miró y me dijo que me honraba lo que acababa de contarle, y que era muy probable que, ese simple detalle, revelara que yo, en efecto "no era uno de ellos"... pensé que habia errado la estrategia de evasión, pero no. Con un poco de urgencia se levantó de la mesa, me pidió que conservara la documentación y la examinara, que tenia que pensar con tranquilidad qué decisión tomar, y que volvería en una semana. Y nunca más volvió.
Este cliente, además de este problema imaginario, tenia los problemas reales que todos tenemos: necesita comer, tener un techo, salud, una pareja que le de afecto... De ellos, tan solo se ocupaba de los más básicos, los indispensables para su supervivencia física, mientras que sus necesidades sociales, de afecto y de reconocimiento eran inexistentes por completo. Jamás podrá ser una persona feliz, porque está tan concentrado en ese problema irresoluble, que nunca atenderá a esas otras necesidades más complejas que todos tenemos, ya que las posterga al momento en el que consiga zafarse de la situación en la que se encuentra.
Todos tenemos problemas, todos tenemos nuestras rarezas... pero la mayoria podemos calificarnos como "cuerdos" porque nuestras coordenadas de la realidad son coincidentes con las de la mayoría. Es una ventaja importante, que casi nunca tenemos presente.
A seguir viviendo.
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