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martes, 20 de enero de 2009

La tristeza de la nada

Pues hoy estoy triste... he tenido un dia de esos en los que alguien necesita urgentemente tu apoyo porque está emocionalmente hundida, y he terminado agotada. Intento obtener retroalimentación de esas situaciones, y sentirme bien por poder ser util a alguien; a fin de cuentas, yo he tenido muchas veces personas que me han ayudado a salir de mis baches. Justo es que yo responda igual.

Sin embargo, creo que hoy no estaba yo tampoco en condiciones, porque me he quedado más triste de lo habitual... y pensando en por qué, he llegado a la conclusion de que estoy triste por la nada...

La nada en que se convierte una relación que ha sido preciosa, en la que me he sentido muy querida, pero que ha ido disolviéndose poco a poco y se esta convirtiendo en... nada.
No debería extrañarme, es un efecto buscado... quien me quería dejó de hacerlo, y me lo dijo... varias veces, alto y claro... y aunque yo no quería creerlo, porque no era y no es lo que yo percibo, hay que respetar la voluntad de las personas, sobre todo si son personas a las que quieres... Es una decisión legítima la que tomó, él conocerá sus motivos, y yo lo respeto.

Y llevo tiempo intentando disolver mis sentimientos, que se agoten, que se cansen... y hoy me he dado cuenta de que lo estoy consiguiendo... Estoy logrando llegar a la nada en mis emociones hacia él... y me entristece, aunque sea lo que él me ha pedido.
Solo espero que cuando llegue al cero absoluto él no cambie de idea... Y que, como él dice que quiere, seamos buenos amigos... Hay cosas que son irreversibles... Y me da pena que una relación bonita, llena de complicidad y respeto mutuo se disuelva en la nada.

lunes, 5 de enero de 2009

Carta a los Reyes Magos

Queridos Gaspar, Melchor y Baltasar:
Otro año más me encuentro haciendo una lista de pedidos para el año que comienza; permitidme que os apee el tratamiento real, pero hace ya cuarenta y una Navidades que nos conocemos y lo de Altezas y Majestades es un poco cansado... además, ya me conoceis: soy republicana :-)

Gaspar, como tú eres el mayor de todos, creo que eres el más indicado para este regalo: me gustaría este año ganar un poco de serenidad y paciencia. Me he intentado portar bien en este aspecto, y he mantenido la calma en situaciones en las que, años atrás, habría llorado y pataleado como una niña pequeña... o, peor, habría blasfemado e insultado a diestro y siniestro... o me habría encerrado en casa a sufrir de forma neurótica. Creo que este año, la mayoría de las veces he sido capaz de pensar con claridad, retrasar mi primera reacción visceral y esperar a encontrarme en un mejor estado de ánimo para responder, o incluso, no hacerlo porque me he dado cuenta de que no llevaba a ningún lado... En particular, ese mejor control de mi misma creo que lo he demostrado en mi relación con mi madre, con la que apenas he discutido este año, y en mi oficina.
Pero he tenido varias ocasiones en las que he perdido la los nervios con las situaciones o las personas de mi entorno; algunas las he comentado ya en este blog, y me han obligado a pedir perdón a esas personas. Por eso, espero mejorar en ello y te pido como regalo este año unas gotitas de tranquilidad y aceptación. Saldrán favorecidas las personas a las que aprecio, porque el perdón no borra las heridas causadas, solo calma el dolor, y también saldré ganando yo, porque sufro mucho cuando no controlo mis reacciones.

Melchor, siempre te he visto (percepción mía) como una persona muy activa; por eso, este año te pido energía y voluntad para poder llevar adelante mis proyectos personales y profesionales. Este año he aceptado algunos retos importantes para mí, y creo que los he enfrentado bien: tuve que plantear mi necesidad de progreso en mi oficina, y conseguí hacerlo y negociar un buen acuerdo, creo que satisfactorio para todos; me propuse conseguir mi casa, para mi hijo y para mí, con el fin de darle un entorno más delimitado y sentido de familia (aunque sea monoparental) y aquí estoy, en mi salón escribiendo esta carta. Acepté una propuesta que me daba mucho miedo: un viaje largo a un lugar muy lejano en un momento de mucho trabajo, y lo hice, lo pasé muy bien y a mi vuelta, todo seguía en pie. Aprendí mucho con ello. También ha habido rendiciones, por supuesto, como por ejemplo volver a caer en el tabaco; pero yo ya me he perdonado y estoy intentando de nuevo lograr ese objetivo... aunque de momento no lo he conseguido.
Así que, creo que en este area, también me he portado razonablemente bien, y me gustaría seguir teniendo ilusión por las personas, los proyectos y los retos que este año se me planteen. Me gusta estar viva, y tener metas es la mejor forma de sentirlo.

Baltasar, siempre me has parecido un tanto especial... creo que a mi y a todo el mundo, porque eres "el más distinto" de los tres. Quisiera que este año me regalaras un poquito más de comprensión de la realidad ajena, fundamental para que funcionen los otros dos regalos que he pedido. Este año me he esforzado mucho por entender el punto de vista de otras personas y respetarlo, para lo cual, he tenido que imaginarme cómo reaccionaria yo en sus circunstancias. A veces ha sido muy difícil, porque uno no puede meterse en la cabeza de otro, pero al menos, me ha permitido darme cuenta de que personas cercanas a mí no ven las cosas como yo, aunque a mi me resulte difícil de creer, y que no necesariamente mi visión es la correcta. Por eso, te pido que abras un poco más mi comprensión, a fin de econtrar la lógica de algunas conductas, y así poder respetarlas aunque no las comparta.

En general, como veis y como sabeis, creo que no he llevado un mal año. Por eso, si es que no me podeis traer lo que os pido, me contentaré con llevar un año como el que acaba de terminar, en el que he podido contar en momentos clave con el apoyo de varias personas, familia y amigos, con las que me gustaría seguir contando, y en el que mi hijo se ha hecho un poquito más hombre con buena salud y creo que una razonable felicidad.

Os dejaré unos chupitos de anis y un poco de roscón esta noche, por si teneis hambre, y un cubo con agua para los camellos.

Muchas gracias y estamos en contacto.

Maribel

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Si el mundo se acabara...

Esta noche estuve en un duermevela debido a que mi hijo anda con una infección de oido que le está dando fiebre muy alta y unos dolores que, según dice él, "no puede soportar". Como muchos pronósticos decían que esta mañana se podia terminar el mundo por aquello del experimento del acelerador famoso, me dio por pensar en qué es lo que me llevaría yo de esta vida si tal riesgo se hiciera realidad.

Muchas sensaciones de la vida, buenas y malas, las llevamos en el recuerdo sensorial, y yo creo que en mí, los sentidos primordiales son, sobre todo, la vista y el olfato... Así que me puse a repasar mi memoria visual y olfativa a ver qué encontraba, y este fue el top ten que resultó:

Me llevaría como olores agradables, el de mi hijo cuando era un bebé... no olía como cualquier bebé, este olía a él y a mí. El de mi madre cuando yo era pequeña, porque las pocas veces que me abrazaba me hacía sentir segura y tranquila. El olor de mi amante cuando está conmigo, que me hace perder la cabeza. El de las tardes de verano con lluvia y el de las mañanas de domingo, que huelen a nuevo... el de las magdalenas recién hechas, porque creo que no hay olor más provocativo para el estómago... Sin embargo, no puedo despegarme de, por mucho que me esfuerce, del olor de la UCI neonatal donde mi hijo vivió sus primeros meses de vida, del olor del crematorio donde incineraron a mi tía el año pasado, ni del olor de los perros mojados, que me da mucho asco.

Como visiones, me llevaría las miradas que más me han impactado recientemente: una mirada amorosa, la de mi hijo cuando al dormir le leo un cuento y me da un beso de buenas noches diciéndome "mamá, te quiero mucho". Una mirada con brillo entusiasta, la del médico que trató a mi hijo en la UCI neonatal, el día que el niño se arrancó él solo el respirador artificial. La mirada suplicante de mi hijo, ayer, cuando le dolía terriblemente el oido y me pedía llorando que hiciera que parara el dolor. Una mirada terrible, la de mi tía agonizando el año pasado; tuvo una mala vida, la pobre, y una muerte aún peor... su mirada era de odio. Y una mirada apasionada, la de mi amante, a la que no puedo vencer ni quieriendo.

Tengo también recuerdos tactiles, auditivos y de sabor, pero están asociados a los anteriores: me gusta el sonido de la lluvia de verano y el silencio de las mañanas de domingo y de año nuevo, adoro acariciar a mi hijo, y la voz y las manos de mi amante, el sabor de las magdalenas calentitas...

Mi vida no se reduce a eso, evidentemente tengo muchos más recuerdos de muchas más personas y situaciones: acontecimientos familiares, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, triunfos y desastres profesionales... Pero creo que si el mundo se acabara y tuviera unas horas para hacer por ultima vez lo que más me gusta, haría el amor con mi hombre, luego me comería una magdalena recién hecha mientras cae una tormenta de verano (evitaría que hubiera perros cerca), abrazaría a mi madre e iria a buscar a mi hijo, de que ya no me separaría.

¿Tú qué harías?

martes, 26 de agosto de 2008

Mis límites

Ultimamente la palabra límite no sale de mi cabeza, continuamente me viene a la mente, bien porque la escucho decir a alguien, bien porque yo misma la empleo en alguna frase.

En realidad, las relaciones personales consisten en buena parte en marcar límites, y siempre existe una relación de poder o de tensión, (como quiera llamarse) que suele alcanzar un punto de equlibrio más o menos estable y aceptable para los implicados. A veces, sin embargo, ese punto no se alcanza y, entonces, he observado que se pueden dar dos situaciones, ambas abocadas a una ruptura total de la relación: o bien se vive en un continuo conflicto, o bien uno de los implicados se rinde desde un principio (por motivos variados) y la relación se rige por los criterios y normas de la otra parte.

Mi hermana, por ejemplo, se encuentra en la primera situación y tras once años de matrimonio y dos hijos no logra alcanzar con su marido un punto estable: ninguno da su brazo a torcer y sus discusiones y enfados son continuos. Sin embargo, continúan de acuerdo en que quieren estar juntos y permanecen en ese estado de conflicto permanente que ya es estructural en ellos. Los dos son buenas personas, trabajadores, inteligentes, generosos... El es de caracter afable, pero muy cabezota... y ella está acostumbrada a salir victoriosa siempre en las tensiones interpersonales y ser quien marca la pauta. No sé cuánto tiempo se puede vivir así, porque el desgaste que les está suponiendo es enorme. Creo que cuando no se alcanza un punto estable, y ninguno de los implicados se rinde, el final es la crónica de una muerte anunciada.

A mí, sin embargo, no me gustan nada las discusiones; creo que mi hermana y yo nos hemos retroalimentado desde pequeñas (siempre estábamos juntas), y que mi laxitud al poner límites a mi entorno en parte se debe precisamente a su carácter combativo y a mi poca afición al conflicto; y, a su vez, ésta costumbre que tiene ella de llevarse siempre "el gato al agua" deriva, entre otras razones, a que yo siempre me rendía a la primera de cambio: nunca digo "no" y no me gustan los enfrentamientos, excepto cuando trabajo porque lo requiere mi profesión.

Pero ello no significa que mi opción sea mejor, es también una mala solución, porque es evidente que yo también tengo mis límites, sólo que no los hago valer hasta que la transgresión es grave... y entonces, la única solución es, también, la ruptura.
Es cierto que mis amigos y personas más allegadas suelen ser personas respetuosas "per se" y consideradas conmigo; me siento apreciada por ellos sin necesidad de que yo me tenga que hacer valer constantemente. Por otra parte, creo que soy (o lo intento) ser también respetuosa y considerada con ellos, y una de las pocas incidencias que a mí me puede quitar el sueño es pensar que he podido hacer daño a alguien cercano. Me gusta, además, que las personas a las que quiero se desarrollen como son... de mi familia y mis amigos, me gustan hasta sus defectos, e intento no obtener de ellos lo que yo quiero sino lo que ellos me quieran dar. En resumen, suelo ser partidaria, no conscientemente sino porque me sale así, de que el equilibrio en las relaciones personales no sea el resultado de un esfuerzo por encontrarlo, sino de que surja por sí solo. En caso contrario, no son relaciones que merezcan la pena, porque la vida es de por sí misma muy cansada como para tener que estar manteniendo tensiones innecesarias.

A veces me encuentro en situaciones en las que alguien, sobrepasa mi frontera... suelo esperar, para comprobar si es algo ocasional o no lo es, buscar como siempre una explicación que me permita evitar el enfrentamiento. Por eso suelo ceder y dar tiempo...
El problema es el siguiente paso, ya que mi actitud puede dar lugar a una relación constantemente desequilibrada, en el que el otro me marca el tempo y yo, simplemente lo sigo... pero llega un momento en el que, evidentemente, se llega al último limite. Y yo no tengo escala de grises en esto: o estoy o no estoy, porque mi relación se basa, precisamente, en la confianza que tengo en que esa persona me respeta y me considera... Si llego a pensar que no es así, el hilo se rompe y, entonces, ya no tiene remedio porque esa persona deja de importarme. Directamente, sin paliativos. Para mayor agravamiento, como produce en mí un sentimiento de felpudo acumulativo, el detonante puede ser una tontería y sé de más de uno que aún está buscando la explicación a mi reacción, totalmente desproporcionada a su parecer.
Tuve un amigo en la facultad; un amigo muy amigo, pero no con grado de intimidad física (yo tenía novio por entonces), y estábamos siempre juntos: no estaba en mi clase, pero en los descansos ibamos juntos a tomar café; pertenecíamos a la misma asociación y editábamos juntos la revista. Hacíamos un buen equipo, en definitiva. A él le gustaba organizar, tenía siempre muy claro cómo quería hacer las cosas y yo no solía oponerme, si era algo que no me molestaba. Pero empezó a disponer de mí, poco a poco, y cada vez más. Cuando me dí cuenta, llevábamos un tiempo que sus asuntos eran siempre una prioridad: su agenda era siempre más importante que la mía, y si había quedado con su novia no podiamos vernos para las tareas de la edición de la revista o para cualquier otra cosa; en cambio yo, no es que dejara mi vida para seguir su ritmo, pero sí hacía concesiones para intentar que, ya que él no podía quedar tal o cual día, pudieramos quedar los días sobrantes. Empecé a sentir que recogía las sobras continuamente, y que me hacía un favor quedando conmigo... y ese sentimiento iba creando un sedimento negativo en mí hacia él. Un día, por una tontería (yo quería ir a una manifestación y él decía que era más importante para nuestra comisión de comunicación de la asociación quedarnos a la asamblea ejecutiva interfacultativa) terminé con él. Pero terminé radicalmente (de lo cual, por cierto, se alegró mucho mi novio) de tal manera que ni nos hablábamos: sencillamente, le miré a los ojos y le dije: hasta aquí hemos llegado, tú y yo no nos conocemos de nada, no me vuelvas a dirigir la palabra porque no te voy a responder. Hizo varios intentos de hablar conmigo, y yo se los negué de forma rotunda, e incluso tengo que decir que cruel porque no tuve el más mínimo miramiento. Luego, cuando me cruzaba con él por el pasillo, me miraba para ver si podia acercarse a mí, y yo le ignoraba. Pero no sentía ni odio ni rencor hacia él, sencillamente dejó de importarme y pasó a la categoría de "paisaje"... me incomodaba un poco cruzármelo por el pasillo, porque la gente me preguntaba y yo no queria ni siquiera perder el tiempo: "Pero ¿ese no era fulanito? ¿no te hablas con él? ¿no era tu amigo?"... "Tú lo has dicho. Era".
Así de sencillo. Finiquitado el problema... ¿de verdad? En absoluto. Es verdad que nunca más volví a verlo, y que además, ni siquiera le eché de menos, porque nadie echa de menos a quien no te respeta. Pero al cabo de los años, a raiz precisamente de una amiga con la que hizo yo el papel justamente contrario y se sentó a hablar conmigo, me acordé de él y me dí cuenta de que, a diferencia de mi amiga, nunca le dí una oportunidad: nunca le dije que se estaba pasando conmigo ni le dije que me hacía sentir mal. Y recordé también que habíamos sido amigos porque nos lo pasábamos bien juntos, nos aportábamos cosas, y yo le consideraba una persona honesta... y tuve la sensación de que fui yo quien no fue honesta con él, ya que un amigo se merece, por lo menos, saber si está haciendo algo que te hace daño.
¿Pueden esperar las personas que los demás conozcan nuestros límites si no los ponemos de manifiesto? Y si alguien sobrepasa esos límites ¿de quien es la culpa, del que los sobrepasa o del que lo consiente sin rechistar?. Si en lugar de tener esta actitud laxa al poner los límites hubiera hecho algún esfuerzo por marcarlos desde un principio, aunque sea teniéndome que enfadar con lo poco que me gusta, las personas que me he ido dejando en el camino, y que merecían la pena, sencillamente hubieran conocido dónde estaba la frontera y, quizá, la habrían respetado.
Por lo tanto, no es una mejor opción la mía que la de mi hermana. Más tranquila sí, pero no mejor. Como siempre, parece que en el término medio está la virtud... ni tanto como mi hermana, ni tan poco como yo... Si algo así me volviera a suceder ¿seré capaz de tener un mini-conflicto y poner las cartas sobre la mesa? Espero que sí, perder un amigo es algo que me pone muy triste, sobre todo si es por no saber yo comunicar de forma honesta mis sentimientos.

sábado, 16 de agosto de 2008

Objetivo cumplido

Pues ya llevo una semana viviendo con mi hijo en nuestra nueva casa... el sábado pasado dormimos aquí por primera vez, y las cosas se van desarrollando bien. No obstante, no puede decirse que sea una semana normal, ya que, entre el trabajo (jornada continuada, menos mal) y los trabajos diversos de bricolaje, he tenido poco tiempo para dedicarle al niño.

Pero él parece que se ha hecho ya con la casa perfectamente y está encantado. Los primeros días estaba muy excitado, y yo me esforcé mucho por marcarle nuevas rutinas que le hicieran sentirse seguro... así que, ha empezado a dedicarle un rato al levantarse para hacer su cama (lo de hacer es un decir, porque la deja hecha un burruño, pero ya aprenderá). Hace tres días, sin embargo, lo noté muy nervioso, y dos días se ha puesto a llorar al acostarse... al preguntarle el motivo dice que echa de menos a su padre, pero yo se que (aunque lo echa de menos) es una verbalización del estress que le supone el cambio, ya que el último mes lo ha pasado con su padre y tenía ya adoptadas unas rutinas que le daban mucha tranquilidad. Pero ahora mismo ya parece que lo tiene superado. Estamos en el cuarto de estar, viendo el Retorno del Jedi, y se ha hecho el amo y señor del sofá, y ahí está tumbado el tío... menos mal que ya queda menos de verano y a estas horas, durante el invierno, estará en la cama... si no, me veo luchando por el sofá con él.

Yo me siento muy rara también, pero bien... en Ikea me van a hacer socia de honor porque he amueblado la casa a base de sus muebles... Y creo que alguna explicación froidiana debe tener el hecho de que todos, absolutamente todos los muebles que he comprado, son de color blanco. Son los más baratos en Ikea, eso es cierto, pero también es verdad que es el color que me apetece. Debe darme sensación de "nuevo", seguro.

Y ya tengo cafetera, microondas, olla express... me falta la plancha y algunos manteles, que no termino de ver ninguno que me guste. Me compré una cama con arcón para tener espacio de almacenaje debajo de la cama, y llevo toda la semana (y la anterior también) arreglando cosillas en la casa: acabo de pintar un panel de madera que habia en la entrada y no me gustaba... lo he pintado de blanco, claro. He cambiado el enchufe de la antena, he colgado estanterías, he puesto el tendedero... he colgado las cortinas que me ha hecho mi madre, he puesto lámparas (bueno, son globos de papel) ... He cambiado los muebles de sitio varias veces, hasta que han vuelto a su primera ubicación, y he acarreado cosas desde casa de mi madre... Aun me quedan muchas cosas por traer, pero tengo primero que colocar lo que he traido y tengo apilado en mi dormitorio.

Y son tantas las cosas que tengo que hacer, que de buena gana me quedaría haciendo cosas durante toda la semana; pero mañana salimos para el Levante, a la playa... a mi hijo le da algo si no vamos, y va a ser una semana sólo allí. Pero ahora mismo están allí sus primos, con los que se lo pasa de miedo, y además, allí puede salir a la calle hasta las doce de la noche, lo cual le hace sentir muy mayor y le encanta. Además, hay una chica mayor (nueve años debe tener) que le gusta, y a la que ya persiguió sin éxito el año pasado... pero como mi hijo es inasequible al desaliento, está deseando llegar para que ella vea lo mucho que ha crecido y lo mayor que es ya.

En fin, que estoy muy contenta y que todo va muy bien, y que puedo dar por cerrada la fase "salto" y pasar a la fase "estabilización", aunque a veces echo de menos la tranquilidad de la casa de mis padres, donde todo estaba ya hecho y mi madre me cubría cualquier hueco con el niño. Ya se pasará.

Este va a ser nuestro año, claramente.

lunes, 4 de agosto de 2008

Rehacer la vida

Ya dije en un post anterior que "rehacer la vida" es una expresión que no me gusta nada, y voy a aprovechar este ratito que tengo para explicar por qué:

Por un lado, la expresión literal en sí misma es absurda: todos sabemos que la vida sólo se "hace" una vez, y que si hay algo que es imposible (por lo menos en este momento del desarrollo humano) es que el tiempo fluya hacia atrás. Por lo tanto, literalemente es irrealizable, nadie puede "rehacer" su vida.

Pero, además, la expresión denota reiteración de algo: rehacer = volver a hacer. Da la idea de que tienes que volver a repetir lo que ya hiciste una vez. Y si bien es cierto que a veces nos puede parecer que "cualquier tiempo pasado fue mejor", la añoranza de épocas pasadas y felices nunca es de tal magnitud como para hacernos desear, en realidad, volver a vivir lo vivido ya, en lugar de experimentar lo que el futuro nos depara. Es posible que en momentos de bajón podamos pensar lo contrario, pero la curiosidad innata del ser humano nos haría aburrirnos de repetir siempre lo mismo. Y si a ello se añade que la dichosa expresión se utiliza para cuando uno intenta salir de una crisis, lo que menos podemos querer en ese momento es repetir los mismos errores que cometimos una vez.

Sin embargo, lo que más me exaspera es el uso que se le da a esa expresión. Estaría bien si se empleara sólo para hacer referencia a la actitud de una persona cuando quiere salir de algún bache... Pero todos los que nos hemos separado alguna vez ( y en mi caso llevo dos separaciones ya), hemos padecido esa expresión como manifestación de la presión de nuestro entorno para que nos emparejemos de nuevo. Son frases típicas de los familiares, amigos y demás entorno (bien intencionados, no digo que no) las de "Te veo muy bien, pero ¿cuándo vas a rehacer tu vida?" o "En cuanto rehagas tu vida, verás que bien te va a ir"; suelen ir acompañadas, además, de un "pues yo conozco a un chico que te iría fenomenal", o si no, de una convocatoria a cenar en casa de alguien donde, ¡oh casualidad! aparece otro single, como nos llaman ahora.

Si por "rehacer tu vida" entendemos salir de un bache y recuperarte, e implica tener de nuevo una pareja estable ¿Quiere eso decir que hasta que uno no tiene pareja no se recupera ¿Hasta que no tienes pareja no eres una persona completa? ¿Qué es lo que necesita una persona para considerar que tiene una vida plena?... No lo creo. En absoluto.

Es cierto que todos necesitamos tener en nuestra vida unos ejes de sustento claros que nos permitan dar por sentada una estructura mínima para poder, desde ella, avanzar hacia otros objetivos de la vida, normalmente la búsqueda de la felicidad (fin último del ser humano ya en la filosofía clásica como propugnaban, entre otros, epicureos y estoicos). Pero esa estructura básica no incluye inexcusablemente una pareja estable, ya que la necesidad emocional a la que responde puede ser cubierta de muchas otras maneras.

En mi caso, mis pilares fundamentales son mi hijo, mi familia, mis amigos y mi trabajo. Con todo ello en regla, que no es poco, me doy por muy satisfecha y completa; por supuesto, que si tuviera un compañero estable con quien compartir la vida, mejoraría aún más. Pero quizá debido a que soy especialista en elegir parejas que, en lugar de sumar solidez a mi vida lo que han hecho ha sido restar fuerza a esa estructura básica, al final he llegado al convencimiento de que tener una pareja estable no es, ni con mucho, algo esencial en mi vida. Y estoy un poco cansada ya de tener que estar dando explicaciones a todo el mundo... incluso cuando salgo por ahí, parece que todo el mundo piensa que el éxito estaría en "encontrar un marido"... Incluso mi hijo, hace ya más de un año, que me pregunta que cuándo me voy a casar... y tiene seis años sólo... Buf!!!

Así se lo expliqué a mi tío la semana pasada, cuando me felicitó por mi traslado de casa y se sorprendió cuando le dije que me iba yo sola con mi hijo, sin pareja. "Pero tú tendrás que rehacer tu vida ¿no?"... Y dale Perico al torno ¿qué tengo que rehacer? ¿es que mi vida no está hecha?... Tengo un hijo de 6 años, una familia que me apoya, buenos amigos, un trabajo que me gusta y me da de comer a mí y a mi hijo... y ahora tengo, de nuevo, mi propia casa.. ¿eso no es una vida hecha?. "Ya, pero reconoce que te vendría bien una pareja estable ¿no? siempre será mejor ¿no?"... Mejor o peor, según quién sea ¿no? Con mi experiencia, si hay algo que por fín he aprendido es que uno tiene que ser muy selectivo a la hora de elegir un compañero de vida y que, muchas veces, es mejor hacer el camino solo que mal acompañado... "No te preocupes, tío, que si aparece alguien que quiera compartir su vida conmigo, y yo con él, que se respete a sí mismo y a mí y a mi hijo... lo incorporaré a mi vida como un elemento importante de ella... Pero si no aparece, ten por seguro que no voy a considerar que tengo que aún tengo que rehacer mi vida". He dicho.

Mi objetivo, ahora, es encontrar esa frase que sintetice todo lo anterior para poder responder de forma rápida a los cansinos que se empeñan en que tengo que encontrar un marido, una pareja o un padre para mi hijo (que ya tiene, por cierto, y le quiere mucho)... Y admito sugerencias.

jueves, 31 de julio de 2008

Mi terremoto

Pues ya llegó mi terremoto personal... Está más alto y un poquito más gordito (es muy delgado), y, sobre todo, muy moreno. Se lo ha pasado en grande con su padre y su familia, y viene un poquillo asilvestrado, ya que el padre le consiente algunas cosas de más. Sobre todo se le nota en que vuelve más desafiante, así que ahora me toca reconducirlo de nuevo... pero es lo de todos los veranos, así que ya estoy acostumbrándome.
La casa parece que le ha gustado, me ha preguntado varias veces que cuándo nos iremos allí a vivir, así que ya estoy tranquila. Hasta que no lo ví dentro de la casa nueva no sabía cuál iba a ser su reacción, y aún así, no quiero tirar las campanas al vuelo hasta que no durmamos allí algunas noches, porque estoy segura de que va a echar de menos a sus abuelos.
Si todo va bien, creo que este fin de semana la podré tener terminada y lista para irnos, aunque nos queden algunas cosillas por llevar.
... Todo marcha por sus pasos, adelante, adelante.

martes, 29 de julio de 2008

Estoy impaciente

Si, si... muy impaciente. En doce horas volverá mi enano y estoy deseando que llegue ya. Lleva con su padre de vacaciones desde el 23 de junio, y aunque estoy muy tranquila cuando está con él, con quien se lo pasa pipa, la verdad es que este año se me ha hecho demasiado largo.

Posiblemente será por la acumulación de objetivos, plazos y fechas que me he fijado para el mes de julio, que parece que no se va a acabar nunca. No lo sé, lo que sé es que la casa la tengo ya muy avanzada, aunque no tanto como para poder mudarnos mañana mismo; lo suficiente como para poder enseñársela.

Y tengo tantas ganas de estar con él, que este viernes había quedado con una amiga para ir a una disco con terraza de verano; lo habíamos hablado hace ya dos semanas, pero esta mañana le he enviado un correo para decirle que prefiero no salir... lo que más me apetece es estar con él y que me cuente sus aventuras del verano. Por ejemplo, que me hable de esa novia que dice que ha encontrado: dice que "se llama Amanda y que no tiene piojos" ¡Ese es mi niño!... Me temo que una de las primeras cosas que tendré que hacer es una buena inspección capilar :-)

Así que... hoy estoy contenta e impaciente.

miércoles, 23 de julio de 2008

Hoy, de bajón

Pues ya tengo mi casa, las llaves sólo, porque ahora mismo la deben estar pintando... y debería estar contenta, pero lo cierto es que no. Sé que se me pasará, pero ahora mismo estoy triste, nerviosa y asustada... El padre de mi hijo me dice que me está echando mucho de menos y que está deseando volver y ver la casa nueva; eso me pone triste y me asusta, porque temo que no le guste... quiero tenerla un poco decente para el día 30, que ya vuelve y no sé si me va a dar tiempo.

Ahora es cuando me dan ganas de dar marcha atrás, pero no quiero decirlo en voz muy alta, porque sé que me van a decir que yo solita me he metido en este lío, o que no pasa nada, que ya lo sé... pero a alguien se lo tengo que decir, así que lo escribo aquí...

Son mis bajoncillos... se me pasará, lo sé. Pero ahora mismo estoy asustada.